Hola, a todos vosotros catequistas de España, Hispanoamérica, Italia, y demás países que estáis  en contacto con esta página, nos alegra servirles. Os saludamos en esta sintonía pastoral del quehacer catequístico, y sobre todo en un intento de alimentar nuestra espiritualidad.

Esta semana daremos un salto en nuestras chispas de espiritualidad, puesto que en todo proceso  y acompañamiento hay que ir dejándonos transformar. Ya han pasado 12 semanas de frases para la meditación mental, es hora de pasar del pensamiento al corazón, es decir, en lugar de meditar hay que hacer experiencia de Dios. Esta semana la experiencia para profundizar será:

¡Catequista en presencia de Dios!

En esta semana, tú y yo catequista, haremos esta experiencia de  vivir (en conciencia) nuestro ser en la presencia de Dios. Todo el día, a cada instante que te sea posible, recuérdate a ti mismo “estoy en Dios, soy consciente de su presencia en mi”.

Nuestra vida le pertenece a Dios y a nadie más que a Él. El misterio teologal de un Dios que nos habita y nos abarca, es un don infinito que sin comprenderlo lo vivimos ¡dejemos que fluya en nosotros!

Dios permanece en nosotros dándonos la vida, se manifiesta en nosotros amándonos y haciéndonos amar… es el Dios vivo, Resucitado, que es en nosotros.  Aunque nuestra infidelidad y miseria, opaca la grandeza de nuestra dignidad; Dios no se cansa de levantarnos, Dios no se cansa de perdonarnos, Dios no se cansa de amarnos.

La presencia de Dios es un amor vivificante que es lo que da respiro al alma… por eso el catequista vive dentro de sí un dinamismo silencioso, que le lleva a amar, que le da nueva fuerza cuando sale de la catequesis -aun cuando la sesión haya estado agotadora-.

El catequista está llamado a vivir en conciencia esta presencia, por eso os invito y me invito, a que practiquemos esta experiencia: “vivir en la presencia”.

Cuando el catequista vive esta presencia, es como el buen olor de Cristo, los niños como las abejas a la miel, se enorgullecen de abrazarlo, se enorgullecen de saludarlo, el catequista en presencia al darse a sí mismo es a Dios mismo a quien da. Porque los niños aman esa presencia escondida que en su mediación (de catequista  como eco de Dios) hace palpar concretamente en gestos de ternura y cercanía. Por esta presencia viva en nosotros, podemos afirmar que: “Quien vive en la presencia se hace presencia. Quien vive en Dios comunica a Dios”.

Oración

Señor Jesús gran catequista, Tú que manifestaste tu presencia amorosa a los niños, a los pobres, a los enfermos, a los marginados, a los pecadores; tu que conoces mis limitaciones y posibilidades, dame la gracia de vivir cada momento de mi vida en tu presencia y renovar durante el día esta conciencia. “Tú en mí y yo en Ti”.

¡Hasta la próxima queridos catequistas… sois chispas vivas de la presencia de Dios!