Todo cristiano está llamado a vivir con profunda meditación y respeto la Semana Santa, antes llamada Semana Mayor, en la que se recuerda el acontecimiento de amor que cambió el mundo, la historia, tu historia y la mía. En este artículo te ofrecemos una breve meditación para hacer un camino santo unido a la pasión de Cristo.

 

 

 


 

 

DOMINGO DE RESURRECCIÓN “EL TRIUNFO DEL AMOR”

El domingo es un día de esperanza gozosa, de certeza en el poder del amor

Oración: Señor mío, fuente de amor inagotable, la tristeza, soledad y el miedo han pasado ya, sólo tú Señor tienes la última Palabra, la Palabra del amor. Mi corazón está inquieto de luz y esperanza, porque percibo tu resurrección que me rodea,  me dispongo para vivir en clave de gozo y amor atrayente.

Escucha de la Palabra (Lc 24, 1-6a)

Pero el primer día de la semana, al rayar el alba, las mujeres vinieron al sepulcro trayendo las especias aromáticas que habían preparado. Encontraron que la piedra había sido removida del sepulcro y cuando entraron, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. Aconteció que estando ellas perplejas por esto, de pronto se pusieron junto a ellas dos varones en vestiduras resplandecientes. Estando ellas aterrorizadas en inclinados sus rostros a tierra, ellos les dijeron: ¿Por qué buscan entre los muertos al que vive? “No está aquí, sino que ha resucitado…”

Puntos de meditación

  • Hoy es el primer día del resto de nuestra vida, es día de salvación, es día de esperanza inquebrantable. Déjate sorprender por la novedad del Resucitado.
  • ¿Qué perfume traes contigo, que aromas acompañan normalmente tu jornada; y tu vida es aroma de esperanza para los demás o de quejas y pesadumbre?
  • ¿Acaso seguimos buscando a Jesús entre los muertos, entre las cosas superficiales y aparentes que no valen, o que vacían la vida en lugar de llenarla?
  • La esperanza ha vencido a la tristeza,  la vida ha vencido a la muerte, el amor vence al odio hoy y siempre. ¡El Señor ha resucitado!
  • ¿Cómo podemos vivir en camino de resurrección? Amar, dar vida, vivir en clave de esperanza…

 

Oración final 

(Con un silencio profundo, hagamos conciencia de la presencia de Jesús vivo, en nosotros y entre nosotros y adorémosle)

Señor Resucitado, Tú que estas vivo en mí, y conmigo, aumenta mi fe para abrirme a tu presencia, como la humilde pupila  se dilata ante la luz infinita de tu misericordia.  Me abrazo a ti, y me dejo impregnar de tu presencia. Ven Señor derrama tu gracia en mí, como suave perfume que sutilmente y en silencio llena todos los espacios de mi vida. No soy yo quien te lleva el perfume,  eres Tú que, con  tu amor y ternura como perfume exquisito, impregnas  el mundo entero de esperanza y paz. ¡Estas vivo! En la Eucaristía, en la Palabra, en el hermano, en mi mismo ¡Reina Jesús en nuestros corazones!