«América Latina, en Santa María de Guadalupe, ofrece un gran ejemplo de evangelización perfectamente inculturada. En la figura de María se encarnaron auténticos valores culturales indígenas. En el rostro mestizo de la Virgen del Tepeyac se resume el gran principio de la inculturación: la íntima transformación de los auténticos valores culturales mediante la integración en el cristianismo y el enraizamiento del cristianismo en las varias culturas»

(Juan Pablo II, 1992, p. 24)

María es el sello distintivo de la cultura de nuestro continente. Madre y educadora del naciente pueblo latinoamericano, en Santa María de Guadalupe, a través del Beato Juan Diego, se “ofrece un gran ejemplo de evangelización perfectamente inculturada.

Es conmovedor leer los relatos guadalupanos, escritos con delicadeza y empapados de ternura. En ellos la Virgen María, la esclava “que glorifica al Señor” (Lc. 1, 46), se manifiesta a Juan Diego como la Madre del verdadero Dios. Ella le regala, como señal, unas rosas preciosas y él, al mostrarlas al obispo, descubre grabada en su tilma la bendita imagen de Nuestra Señora (Juan Pablo II, 1990, 3).

Lenguaje iconográfico
De todo lo anteriormente dicho podemos deducir que puede haber distintas lecturas iconográficas de la Virgen de Guadalupe.
La lectura europea que Zumárraga hace ve, como en cualquiera otra pintura mariana, una Purísima rodeada de resplandores en un óvalo de nubes y luz, con el rostro inclinado hacia la derecha y mirando hacia abajo como quien
escucha a alguien. Su túnica es rosado suave y el manto estrellado de color azul. Pisa sobre la luna, que también es símbolo bíblico, por ejemplo, la mujer descrita en el capítulo 12 del Apocalipsis; la lleva un ángel, lo cual hace de la
representación una combinación entre Purísima y Asunción.

Los indígenas la veían de manera integral, interpretando adecuadamente los diversos glifos, símbolos y colores de este amoxtli singular. En él veían, transfigurado y elevado, todo su mundo y sus tradiciones religiosas. Y había en
Guadalupe, modelo perfecto de inculturación Guadalupe.
Los mestizos, a su vez, veían en el rostro de la grande Cihuapilli o Reina Celestial, los rasgos propios de la nueva estirpe que estaba naciendo y se sentían inmediatamente identificados con ella: su rostro, el de ellos, adquiere
carta de ciudadanía y de nobleza; en modo alguno serán ellos menos que los indígenas ni que los españoles. Están ambos hermanados por múltiples lazos de familia.
En la imagen de Guadalupe y en todo el evento guadalupano, brilla una feliz unión entre cultura indígena y cultura ibera, mejor dicho, entre visión indígena y visión cristiana. A esto llamamos inculturación perfecta.

Actitudes del evangelizador

Pero no solo el lenguaje de su iconografía, sino toda ella, con sus actitudes muestra el Rostro amoroso de Dios:

  • María toma la iniciativa y busca el encuentro personal con Juan Diego
  • Le trata con respeto y cariño, le habla con sencillez y le da confianza
  • Le encomienda una misión, haciéndole partícipe del plan de Dios
  • Se compromete a cumplir su misión de Madre, haciendo vida la Voluntad de Dios en ella
  • Su presencia tiene la finalidad de hacer presente el amor de Dios para sus hijos mas desprotegidos
  • Utiliza la lengua nativa, los signos y símbolos propios de la cultura.