El pedagogo y logopeda francés Charles Michèle de l’Epée es considerado como el ‘padre de los sordos’. L’Épée, como buen sacerdote católico que era, se dedicó a los pobres.

En uno de los suburbios que visitaba, su colega el padre Vanin le dejó al cuidado de dos hermanas​ que se comunicaban usando una lengua de signos. L’Épée se dedicó a la enseñanza y salvación de los sordos en un refugio que mantenía con sus propios ingresos. Este refugio se convertiría en 1771 en la primera escuela gratuita para sordos.

Charles Michèle dedicó su vida a disipar la idea errónea de que las personas con discapacidad auditiva eran incapaces de aprender.

Desde la institución que había creado, desarrolló un novedoso método visual con el que instauró un modelo para la enseñanza de personas sordas. Esta institución estaba abierta a todos, independientemente de si podían pagar allí sus estudios o no.

En 1791 la Asamblea Nacional lo declaró «benefactor de la humanidad», y ese mismo año Luis XVI decidió comenzar a dar a la Institución fondos públicos para su mantenimiento, y permanece abierta hoy con el nombre de Institut National de Jeunes Sourds de París.

Murió el 23 de diciembre de 1789, rodeado de prestigio. Fue sustituido en el Instituto por el abate Roch-Ambroise Cucurron Sicard.

Los métodos de trabajo del religioso De l’Épée continuaron dando frutos varias generaciones de sordos después de su muerte, con destacados intelectuales en la Francia de los siglos XVIII y XIX. Estos logros sirvieron para otorgar a su escuela y a su tradición de enseñanza el mote de “método francés”, según el cual, la prioridad era la formación intelectual de los alumnos a través del desarrollo de habilidades en la lectoescritura. Y es que Charles Michèle de l’Epée educó, instruyó y formó a una población abandonada que nadie sabía cómo entender y a la que nadie quería atender.