El Evangelio de este domingo nos describe a Jesús como compasión, uno de los rasgos distintivos que mantuvo con su pueblo. Los expertos señalan que el verbo compadecer expresa lo mejor de los sentimientos de Jesús. El filtro de la compasión lo mueve a atender al pueblo que lo sigue “como ovejas sin pastor”, y lo hace enseñándoles. En este modo de actuar descubrimos tres claves de la compasión de Jesús: comprende, asiste y promueve (cf. EG 179). Son las mismas que han de juzgar la compasión cristiana; reconocer la postración del otro va más allá de sentir lástima sin hacer nada. La compasión nos mueve a la acción porque lo que pasa por el corazón no se queda en mero razonamiento frío y calculador.

Algunos pensadores han ampliado la comprensión de compasión extendiéndola a todos los seres más allá de los humanos. A. Schopenhauer, por ejemplo, habla de la compasión universal como la única garantía de moralidad en las sociedades. Y L. Boff poniendo de ejemplo a San Francisco de Asís, dice que el santo no solo se compadecía de los leprosos sino también de la lombriz que no conseguía hacer un hueco en el suelo duro del camino. Por eso la sacaba, compasivo, y la llevaba a la tierra húmeda, o de la rama rota.

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EcoEvangelio XVI domingo ordinario