Marcos 6, 1-6 Quitar etiquetas para acoger el bien que llega a nuestra vida.

En el Evangelio de este domingo, sin matizaciones o justificaciones, Jesús relata: «No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa» (Mc 6, 4). Jesús se está refiriendo a su propio profetismo, que se desenvuelve entre “la admiración” y el “escándalo” de sus paisanos, quienes finalmente se decantan por el rechazo de su mensaje.

Marcos explica que tal reacción no tiene más fundamento que el prejuicio hacia los orígenes sencillos de su familia, gente del pueblo, reconocidos en todo caso por el oficio de carpintero del padre José. Además, a Jesús lo han visto crecer, saben que no tiene título de rabino ni credencial oficial que acredite su enseñanza. Sin embargo, Marcos no deja de mencionar que hay un reconocimiento a la sabiduría de sus palabras (cf. Mc 6,2); sabiduría surgida de la experiencia de Dios, su Padre. Pero los prejuicios, a manera de cerco, no les permite escuchar y descubrir la novedad de su mensaje. Esto nos hace suponer que las justificaciones vertidas en su contra, en el fondo, no son más que evidencias de  sentirse desafiados por el mensaje y las acciones de un auténtico profeta.

La Palabra de este domingo se nos presenta como una oportunidad para cuestionarnos: ¿descubro el profetismo de Jesús en los discursos de vida en el mundo?, ¿qué desencadenan en mí?, ¿rechazo o acogida?, ¿admiración o escándalo? Que la enseñanza de Jesús en este domingo nos motive a ver mas allá de las etiquetas que colocamos a nuestros conocidos para que seamos capaces de acoger el bien que llega a nuestra vida.

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Reflexión EcoEvangelio