“Tierra firme”, “barca”, “otra orilla”, “mar”, “tempestad”, son signos que destaca Marcos en este Evangelio. Con determinación Jesús le dice a sus discípulos: “Vamos a la otra orilla” (Mc 3, 35). Jesús no hace opción por la seguridad que ofrece la tierra firme. Su objetivo es ir más allá “a la otra orilla”, que en su época era territorio no judío y por tanto territorio de paganos. Este movimiento lo obliga necesariamente a atravesar el mar, considerado como signo del mal y de peligro. Lo atravesará en una barca en medio de la tempestad, y este es otro elemento a resaltar. Marcos quiere explicar que la primera comunidad cristiana se está enfrentando a un tiempo y un viento contrarios; pero Jesús está en la barca, emprende el viaje junto con ellos, junto a otras barcas.

Hoy podemos asociar la barca a nuestra sociedad, a nuestra Iglesia y a nuestro mundo. La tempestad tiene muchos rostros, uno sin duda es el de la pandemia que aún padecemos y con ello todas las consecuencias de un sistema que termina descartando. Pero Jesús está en nuestra barca.

Como mujeres y hombres de fe hoy somos invitados a “ir a otras orillas”, aunque ello implique necesariamente el peligro y el riesgo de perecer en la travesía. El Papa Francisco habla de una Iglesia en salida hacia las periferias, es decir, otras orillas que nos hagan llegar hasta los últimos, porque Dios no olvida a los olvidados que están en las periferias (Cfr. C. Galli). Y en este sentido, la apuesta por la ecología integral de este pontificado, la cual implica atender unitariamente el clamor de la tierra y el clamor de los pobres (Cfr. LS 49), es la orilla a la que Jesús nos invita a ir a los cristianos de este tiempo…

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