El pasaje de este domingo es continuación y profundización del que escuchamos el domingo anterior. «Permanecer en el amor», nos dirá nuevamente Jesús en el Evangelio, esclareciendo el origen y las características de este amor. Somos objeto del amor divino y eterno; en esto radica el que también seamos capaces de amar. Si bien, como respuesta a este amor, esperaríamos que la Palabra nos planteara amar primeramente a Dios; y sorprendentemente, subraya el amor a los otros. «Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado» (Jn 15, 12). La reciente encíclica del Papa Francisco Fratelli Tutti, remarca: «Todos los creyentes necesitamos reconocer esto: lo primero es el amor, lo que nunca debe estar en riesgo es el amor, el mayor peligro es no amar» (FT 92) a los otros.

Y porque amamos desde el corazón de Dios, como discípulos de Jesús, «El amor al otro por ser quien es, nos mueve a buscar lo mejor para su vida» (FT 94). En esta búsqueda de lo mejor para los otros, en el contexto actual, es necesario incluir el amor y cuidado de nuestro hogar común y  de todas las criaturas que en ella habitan. El principio de “todo está conectado” nos revela que la vida humana depende de la vida del planeta y esto nos hace pensar que «Cuidar el mundo que nos rodea y contiene es cuidarnos a nosotros mismos» (FT 17).

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