CREO EN EL ESPÍRITU SANTO, SEÑOR Y DADOR DE VIDA.

En el Evangelio, Juan relaciona a Jesús con el modelo de Dios creador que insufla aliento de vida (cf. Gn 2,7). Así también, Jesús sopla sobre los apóstoles y les dice: Recibid el Espíritu Santo (Jn 20,22). Si el Spiritu Creator, Espíritu Creador, llena la tierra y renueva todas las cosas, quienes reciban el Espíritu dado por Jesús, se descubrirán renacidos y portadores de una nueva vida.

Además, el evangelista añade: «a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados» (Jn 20, 23). Significa entonces que esta vida nueva en el Espíritu se ofrece como principio de perdón, de gracia y de poder liberador. Los hombres y mujeres del Espíritu, a ejemplo de Jesús, vivirán el perdón, la reconciliación y la comunión no solo entre ellos, sino con el universo entero y con todo lo que en él habita.

La fiesta de Pentecostés es un llamado a contemplar sobrecogidos y admirados el mundo que nos rodea, el Espíritu nos invade en todo; y también nos llama a un compromiso más consciente por el cuidado de nuestro planeta. Como bien dice el Papa Francisco, el descubrimiento de esta presencia -del Espíritu-  estimula en nosotros el desarrollo de las virtudes ecológicas (cf. LS 88).

La vivencia de nuestra fe ha de ser integral, y ante la crisis ecológica nuestra fe es poco creíble si no la manifestamos con el cuidado de la creación. Y en este aspecto, los católicos hemos de reconocer la inventiva del Espíritu en la conciencia ecológica que está emergiendo cada vez con más fuerza. Quizás ante el grave deterioro ecológico no logremos percibir las transformaciones que miles de ciudadanos y creyentes están logrando. Sin embargo, el Espíritu está actuando, «el Espíritu Santo posee una inventiva infinita, propia de la mente divina, que provee a desatar los nudos de los sucesos humanos, incluso los más complejos e impenetrables» (LS 80). Es Pentecostés un llamado, un impulso y una fuerza a estimular en nosotros el desarrollo de las virtudes ecológicas.

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