¡Hola queridos catequistas! os saludamos a punto de comenzar el próximo ciclo de catequesis parroquial. La actitud a proponer como preparación a la bienvenida de los niños es la siguiente:

¡Catequista que sabe ser familiar!

Es importante que cada niño al llegar a la Parroquia no se sienta extraño, no se sienta perdido ni mucho menos rechazado.
La actitud de ser familiar, es clave para un catequista; el catequista sabe acoger como en la casa materna o casa de los abuelos, provocando que los pequeños se descubran en un ambiente de familia.
El catequista acoge y recibe al niño de tal manera que le infunde esa confianza y alegría de encontrarse en su propio hogar, en la casa de Dios y de los hermanos, donde la familia crece al tamaño del mundo.
La sonrisa y amabilidad del catequista son parte de este trato familiar, que provocan en el pequeño ese deseo de participar en la catequesis… suscita en el niño una gozada de no perdérsela, permite al chico alegrarse con nuevos amigos-hermanos, hacerse uno con los demás al compartir un espacio común de actividades, de relaciones, de piedad, de rezos y de juego también.
La experiencia familiar es rica y se disfruta por el encuentro con los primos, con los otros chicos que comparten las inquietudes, atracciones, juegos e intereses comunes. Así mismo la catequesis parroquial se convierte en ese lugar específico y existencial, donde la vida se comparte, la fe se vive y se celebra.
Al descubrir esta dimensión familiar en los ambientes de Iglesia, la catequesis se convierte en un espacio de fraternidad y alegría, la Parroquia se hace punto de referencia de relaciones sanas y duraderas.
Queridos catequistas, que experimentándonos familia, hagamos vivir esta experiencia a los demás, y cantemos con todo el corazón las palabras del salmista: “Que alegría cuando me dijeron, vamos a la casa del Señor…” (Sal. 121)
Hasta la próxima queridos catequistas…