El Arzobispo de Santiago de Compostela, D. Julián Barrio Barrio, publicaba en la festividad de san Marcos Evangelista una carta pastoral titulada “La pastoral del ‘día después’” (25 de abril de 2020). En ella invitaba a sacerdotes y demás agentes de pastoral de la Archidiócesis a irse preparando a una progresiva incorporación a la vida parroquial y sus actividades. Partiendo del libro bíblico del Apocalipsis, –tantas veces asociado a una imagen catastrófica del fin del mundo, pero que en realidad en sus páginas hay una llamada a la esperanza en los “nuevos cielos y la nueva tierra” (Apocalipsis 21, 1-4) –, el prelado hacía fundamentalmente una doble invitación.

En primer lugar, una llamada a “transformar con creatividad la nueva realidad que va a tocar vivir conforme al espíritu del libro del Apocalipsis”; y, en segundo lugar, una llamada a “fortalecer las raíces”, esto es, a “volver al hecho cristiano fundamental, identificándonos con la persona y la historia de Jesús, y dando testimonio de que el cristianismo es un modo fascinante de vivir la propia humanidad a la hora de dar sentido a la existencia”.

La riqueza de la nueva pastoral y de la catequesis en tiempos de coronavirus 

Como indicaba el Arzobispo compostelano en la referida carta, durante este tiempo hemos descubierto la realidad de las “iglesias domésticas”: la vida familiar y hogareña de los cristianos como un ámbito y un espacio donde vivir y celebrar la fe, con una liturgia y una catequesis diferente a la que se realiza en la familia parroquial. Además, de manera particular, en la catequesis y en la liturgia, se ha hecho un uso más generalizado que hasta el presente de las nuevas tecnologías de la comunicación y el aprendizaje, para así poder mantener el contacto personal y el desarrollo de las distintas celebraciones y actividades que, las forzosas limitaciones de distanciamiento físico no permitían, y que en cambio, son tan importantes para la actividad pastoral. Todo ello no sólo ha sido bueno, sino muy bueno.

Pero no podemos seguir así de manera indefinida. Esto no basta. De hecho, en este periodo también hemos echado de menos la comunidad y el espacio parroquial; y hemos experimentado la necesidad de vivir y celebrar la fe en comunidad. Por lo tanto, tenemos que comenzar a pensar en la pastoral en las parroquias y, de manera particular, en la catequesis parroquial del “día después”: “ahora – como indicaba d. Julián– es necesario retomar las catequesis, preparar la celebración de los sacramentos”.

Ante na «nueva normalidad» pastoral,…

Hay que volver a la normalidad; y tras haber comparado la crisis del coronavirus con una guerra, comienza ahora a la etapa de desescalada hacia lo que se está denominando “nueva” normalidad. Con esta expresión se indica que ya nada volverá a ser como antes; que se ha producido un cambio en todos los órdenes de la vida personal, social, cultural, religiosa, etc. También para la catequesis, ¡ya nada volverá a ser lo mismo!

Si bien es cierto que para este curso pastoral ya no será posible retornar la catequesis a las iglesias parroquiales –aunque los niños que vayan a celebrar sus primeras comuniones tendrán que realizar algunas sesiones preparatorias inmediatas al sacramento, siguiendo estrictamente las indicaciones sanitarias–; no es menos cierto que, cuando retornemos a la parroquia, hay que ser conscientes de que no va a ser igual que antes, muchas cosas habrán cambiado, comenzando por las exigencias de seguridad sanitaria.

… una «nueva escalada» pastoral

Se necesita reactivar de nuevo la pastoral, atendiendo a los firmes principios de la Iglesia y al nuevo plan de desescalada gubernamental, y para ello se debe diseñar también un plan de “desescalada pastoral” para las parroquias y actividades diocesanas. Pero, ¡ya nada volverá a ser igual! Precisamente, para evitar caer en pasadas tentaciones, más que en una “desescalada”, habría que pensar en una “nueva” escalada pastoral. En la Iglesia se viene hablando de ello desde hace algunas décadas con el nombre de “nueva etapa evangelizadora” o “nueva evangelización”, la cual ha obligado a la Iglesia a definir muchos de sus protocolos pastorales.

De nuevo, no se trata de volver a la “normalidad pastoral” de antes de la crisis, o al menos en algunas de sus formas o prácticas; sino caminar juntos y unidos hacia una “nueva” normalidad pastoral, que sea propia de la nueva evangelización y de esta nueva situación en la que nos encontramos.

Algunas claves para la nueva normalidad pastoral 

Algunas claves de esta “nueva normalidad pastoral” ya los conocemos porque se nos han ido revelando durante este tiempo de crisis en el que hemos tenido que asumir nuevos modos de hacer catequesis, y también protocolos de actuación desconocidos hasta el momento. Me gustaría señalar las siguientes:

  1. Una apuesta decidida por una pastoral de la “iglesia doméstica”, porque la catequesis no se paró, se quedó en casa, donde estaba también la gente. Esto implicaría una mayor deslocalización de la pastoral en las parroquias hacia ámbitos más familiares, sociales, culturales; y una consecuente transferencia de la responsabilidad y protagonismo pastoral a los fieles laicos, que desarrollarían en corresponsabilidad con sus pastores y demás agentes de las parroquias;
  2. un empleo más decidido de las nuevas tecnologías de la comunicación y el aprendizaje, incluso del trabajo colaborativo entre los agentes de pastoral, para complementar y, cuando se precise, compensar a la pastoral presencial;
  3. una concentración de la pastoral, incluida la catequesis, en torno al Domingo, día del Señor y de la comunidad cristiana. Un día y un lugar, la parroquia, donde poder cultivar y nutrirnos de la vida pascual que surge de los sacramentos, y de las relaciones fraternas que son propias de los cristianos. En términos de misión evangelizadora, en esta nueva etapa, una llamada a lo que se viene definiendo como “la excelencia del domingo”.

En todo caso, con la Pascua de Cristo y, tal y como nos recuerdan las páginas del libro del Apocalipsis, todo ha sido renovado y lo ordinario de la vida se vuelve nuevo y extraordinario: ¡Ya nada es lo mismo! ¡Todo está lleno de una novedad!. En esta Pascua, no sólo los cristianos, sino todos los hombres y mujeres, hemos tenido la oportunidad de experimentar una nueva normalidad. Ahora toca vivirla, fuera.

Delegación de Catequesis de Santiago de Compostela

Miguel López Varela