El Papa presidió el rezo del Vía Crucis de Viernes Santo en la sobria y conmovedora atmósfera de la plaza de San Pedro en penumbra, lejos de la tradición de rezarlo en el Coliseo de Roma.

Este lugar imponente estaba prácticamente desierto. Entre quienes llevaron la cruz había un ex detenido, un agente de policía, y una voluntaria que ayuda en prisiones. Recorrieron 14 estaciones que evocaban momentos diferentes de la Pasión de Jesús, meditados con los textos de presos reales.

Las meditaciones fueron las narraciones en primera persona de presos reales

Los textos para cada una de las estaciones del Via Crucis, recogidos por el capellán del Instituto Penitenciario «Due Palazzi» de Padua, Don Marco Pozza, y por la voluntaria Tatiana Mario, han sido escritos en primera persona, pero están destinados a dar voz a todos aquellos que, en el mundo, comparten la misma condición. De ahí que, como se indicaba en la Introducción del Viacrucis:

«Acompañar a Cristo en el camino de la cruz, con la voz áspera de las personas que habitan el mundo de las prisiones, es una oportunidad para presenciar el prodigioso duelo entre la vida y la muerte, descubriendo cómo los hilos del bien se entrelazan inevitablemente con los del mal».

Estos fueron los autores de las meditaciones de las estaciones:

  • Cinco prisioneros, entre ello un un condenado a cadena perpetua,
  • dos padres cuya hija fue asesinada,
  • la hija de un condenado a cadena perpetua,
  • un educador,
  • un juez de libertad condicional,
  • la madre de un prisionero,
  • una catequista de la parroquia,
  • un sacerdote acusado injustamente,
  • un fraile voluntario y
  • un policía.

VI estación – La Verónica enjuga el rostro de Jesús: Una mirada que te permite empezar de nuevo

La sexta estación fue realizada por una catequista de parroquia. Recogemos sólo el inicio del texto:

«Como catequista, seco muchas lágrimas, dejándolas fluir: no se puede detener las penas de un corazón roto». Estas son las palabras de una catequista que reflexiona sobre la Sexta Estación («Verónica seca el rostro de Jesús»). ¿Cómo podemos aplacar la angustia de los hombres que no pueden encontrar una salida a lo que se han convertido cediendo al mal? La única manera es permanecer allí, a su lado, sin sentir miedo, «respetando sus silencios, escuchando su dolor, tratando de mirar más allá de los prejuicios». Como Jesús hace con nuestras debilidades. Y escribe: «A todos, incluso a los reclusos, se les ofrece cada día la posibilidad de convertirse en nuevas personas gracias a esa mirada que no juzga, sino que infunde vida y esperanza».

            TEXTO COMPLETO                                VIACRUCIS

El «Vía Crucis» se convierte en «Vía Lucis»

Como se indicaba en la Introducción del Viacurcis, se narran estas historias con la certeza de que «incluso cuando contamos el mal podemos aprender a dejar espacio a la redención, podemos reconocer en medio del mal el dinamismo del bien y hacerle sitio» (Mensaje del Santo Padre para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2020). De este modo, el Vía Crucis se convierte en un Vía Lucis, tal y como se visualizó en las imágenes que nos llegaron desde san Pedro del Vaticano, donde la cruz avanzaba llevada por el cortejo en medio de una vía iluminada a sus lados con velas. Ésta ha de ser también la experiencia del cristiano tras la pascua:

«Vuestra tristeza se convertirá en alegría» (Jn 16, 16-20)