Margarita Bays nació en La Pierraz, en el cantón suizo de Friburgo, en 1815. Segunda de siete hijos de una modesta familia campesina, hacia los 15 años comenzó con su aprendizaje de costurera, actividad que nunca abandonó, practicándola tanto en casa como a domicilio.

La nueva Santa, sin embargo, también se sintió inclinada hacia la oración y a una vida de recogimiento. Todos los días rezaba el Santo Rosario, participaba en la Misa y se detenía a contemplar el Santísimo Sacramento, invitando a rezar a todos los que encontraba por trabajo, así como a la familia.

En la parroquia fue modelo de laica, llena de celo; dedicó su tiempo libre a ser CATEQUISTA, un apostolado activo entre los niños, a los que enseñaba el catecismo de acuerdo con su edad, formándolos en la vida moral y religiosa personal. Preparaba con gran solicitud a las muchachas para su futura misión de esposas y madres; visitaba infatigablemente a los enfermos y moribundos. Los pobres hallaban en ella a una amiga fiel, llena de bondad. Todas estas personas las consideraba las “favoritas de Dios” por ser indefensas. Introdujo en la parroquia las Obras misionales y contribuyó a difundir la prensa católica. Se hizo incansable apóstol de la oración, consciente de su importancia vital para todo cristiano. Amaba profundamente a Jesús eucaristía y a la Virgen. Vivía continuamente en la presencia de Dios.

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