Motivación:

Queridos catequistas, con cuanta entrega hemos preparado  y vivido esta Pascua. Ahora ya está aquí, a punto de terminar. Y tal vez aún no hemos bailado, no hemos cantado, no hemos sentido en nuestras venas la grandeza de estar vivos, la alegría de ser salvados,… en fin, la voluntad de vivir en clave de resurrección. Tal vez seguimos con nuestras puertas cerradas, con nuestros miedos encapsulados, con nuestra pasiva comodidad. Es que tal vez no nos hemos dejado reavivar del Espíritu Santo… Cristo Resucitado nos entrega el Espíritu, dejemos que penetre en nuestra vida de parroquia, de comunidad, de equipo de catequistas. La alegría es fruto del Espíritu, pero lo que no se siembra no puede llegar a dar fruto, lo que no se cultiva no da brotes de vida nueva.

Material:

  • Imagen de la Divina Misericordia
  • Cirio
  • Biblia
  • Copias de la hoja anexa que tiene solo la oración inicial y las preguntas de reflexión personal.
  • Música de meditación
  • Globos de colores (uno por participante)

Introducción

Catequistas ¡Es Pentecostés!

Es la hora de descubrir y vivir el arte de la alegría pascual, de disponer nuestra materia, nuestro ser pobre y precario ante la acción del Espíritu. Dejarnos instruir y renovar por el Espíritu que nos enriquece con sus frutos de paz, alegría y esperanza, más allá de las circunstancias. Hay la alegría gozosa que brota como manantial del corazón misericordioso de Jesús. Porque el perdón y la liberación que nos ofrece Jesús desde su misterio pascual, nos mete en una dimensión de esperanza que supera el miedo, el pecado y la muerte.  La Misericordia de Dios es siempre motivo de renovada  esperanza, porque la misericordia de Dios no se agota nunca.

Vivir alegres no es solo un sentimiento espontaneo que nos viene por las circunstancias, sino que es también fruto del amor de Dios, de sabernos profunda y definitivamente amados seamos como seamos. Vivir el arte de la alegría pascual es también un esfuerzo  de la voluntad de cada uno, como respuesta al don de Dios, saber apropiarnos el Don que nos es dado; no por mérito propio sino por los méritos de Cristo crucificado y resucitado.

Nos pasa como en tiempos de Jesús: algunos no se atrevieron a creer que estaba vivo y no fueron a encontrarlo, otros cuantos no se descubrieron salvados porque primeramente no se reconocieron  pecadores.  Otros más se dejaron cegar por la razón y no pueden aceptar un Dios hombre que ha vencido la muerte, que rompe las características del espacio y del tiempo, un Dios que no se puede contener en los principios científicos sino que los supera sobremanera.

En fin queridos catequistas estáis aquí porque queréis vivir este arte de la alegría pascual ese divino tesoro de decidirse por el Resucitado y disponerse a su Espíritu.

Dinámica de disposición

Se reparten globos de colores, uno por cada participante, que le ponga su nombre una vez que lo ha inflado, en seguida se juntan por colores. Y comparten el siguiente momento

  • Van a guardar en este globo uno de los momentos más felices de tu vida, tráelo a tu mente e imagina que lo guardas aquí.
  • comienzan a jugar tirando el globo hacia arriba procurando que no caiga
  • el que caiga al suelo va perdiendo…
  • el que haya logrado que su globo no cayese, o el último en caer… deberá contar a los demás del grupo ese momento tan lindo de su vida. (en breve no más de 3 min.)

Oración inicial:

Canto de alabanza al Espíritu Santo: “Ven Espíritu Santo”, “somos uno en el Espíritu”

Monición: Dios se inclina al hombre y lo mira a los ojos:  “Dios invisible movido de amor, habla a los hombres como amigos, trata con ellos para invitarlos y recibirlos en su compañía” (DV 2). Con esta convicción del Vaticano II hagamos nuestra oración, -no como hablando al viento, o al cielo-, sino hablando de tú a Tú con Dios Trino y Uno, comunidad de amor.

Padre de misericordia estamos aquí con nuestras realidades y fracasos, con una chispa de esperanza porque aún crees en nosotros.

Estamos aquí con una respuesta de fe, porque nos confías la misión de tu Reino, y aun conociendo nuestra miseria, nos haces hijos tuyos en Jesucristo tu Hijo amado.

¡Jesús Resucitado estamos aquí!, ¡ven! porque nuestras puertas aún están cerradas, nuestros miedos nos paralizan, nuestro grano de fe aun no  alcanza para salir de nosotros mismos.

Nuestros esquemas nos sofocan, nuestros prejuicios nos ciegan, nuestros vicios pastorales nos engañan.

¡Jesús Resucitado entréganos tu Espíritu liberador! Porque el escándalo de la cruz aún nos atemoriza.

Dicen que estás resucitado y nosotros aún no hemos salido a tu encuentro. Estás vivo y no hemos comido contigo, no hemos bailado ni cantado, aún no hemos hecho fiesta.

 

¡Ven Santo Espíritu de amor que procedes del Padre y del Hijo!

Ven Espíritu de paz impregna nuestras comunidades y familia de tu dulce armonía.

Ven espíritu de fuego purifica nuestra memoria, sana nuestra historia y libera nuestro corazón.

Ven dulce halito de Dios que nos habitas, renueva nuestra consciencia de ti.

Ven brisa de amor que suavizas nuestros sufrimientos y dolores.

Ven serenidad de Dios que aligeras nuestra carga y pones control a nuestras prisas desenfrenadas.

Ven descanso de los corazones y alegría dulce del alma.

Ven Espíritu de amor, acrecienta nuestra caridad, fortalece nuestras relaciones y dinamiza nuestro apostolado

a fin de que llenos de tus gracias, seamos alegres testigos de la vida nueva que nos das.

 

Leemos en silencio y nos apropiamos aquella frase que resuena en nuestro interior… momentos de silencio…

Podemos expresar espontáneamente aquélla frase que hemos elegido.

Reflexión

  • Vamos a traer a nuestra mente, un momento especial en que nos hemos sentido muy queridos o amados por alguien.
  • Vamos a traer a la mente un momento en que nos hayamos sentido felices por hacer un bien a otros.

Ahora bien si nos damos cuenta nuestra vida está marcada por el amor, y por las personas amadas,  fundamentalmente no podemos negar que: lo que hace feliz a las personas es el amor. Amar y ser amados.

Nuestra vida como catequistas está garantizada en el amor, porque somos amados definitiva y totalmente. Sí, amados por Dios, no hay duda, no cabe la menor duda. Y a su vez capacitados y enviados para amar. Nuestra misión como catequistas y agentes de pastoral es donación de la propia vida es entrega generosa, en definitiva es amar.  Donar tiempo, esfuerzo, la propia persona, donar los propios recursos etc. Porque el catequista y agente que ama lo que hace, vive la comunión con Cristo y la hace vivir. El catequista se deja llenar del Espíritu Santo y derrama los frutos que Él le da.

Nos damos un abrazo a nosotros mismos diciendo: cerramos nuestros ojos y decimos: soy catequista muy amado por Dios, y lleno de su Espíritu (3)

Monición para entrada del cirio y de la Palabra

Ahora nos dejamos sorprender por el Resucitado que llega a manifestarnos su amor y darnos el don precioso del amor el Don del Espíritu Santo. Recibimos el cirio y la Palabra  Signos también de la presencia de Cristo viviente y manifiesto,… un silencio que prepare… Cristo es la luz del mundo y las tinieblas del miedo, el rencor, de la tristeza o amargura no pueden apagar la alegría y la paz que nos trae Cristo Resucitado, la fuerza y entrega que nos impulsa el Espíritu… escuchemos pues, al Señor que nos habla.

PALABRA DE DIOS

“Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: “Paz a vosotros”. Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: “Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envió yo”. Y dicho esto, soplo sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos”. (Jn 20, 19-23)

 

Sugerencia de reflexión personal:

  • Era el domingo, el día del Señor, día de Resurrección… Que nuestro hoy de cada día sea Domini-die = día del Señor.
  • Nuestras puertas cerradas muchas veces son por miedo a no ser amados, por miedo a amar…
  • La iniciativa de Jesús de venir allí a encontrarnos, allí donde a veces nuestros prejuicios y miedos han cerrado nuestras puertas… Él llega, tú confía, que Él llega…
  • Lo primero que hace es liberarlos del miedo y de la culpa dándoles el don de la paz. Porque el miedo les obligo a abandonar al maestro en el momento más doloroso y cruel… sin embargo Jesús al darles la paz desde el saludo, está dando por olvidado lo sucedido, es decir Jesús no se pone a reprochar el abandono de sus amigos,
  • El amor verdadero lejos de hacer culpable al otro, o de reprocharle sus faltas le da la paz perdonándole, no solo con palabras sino con la actitud de ir a buscarle y de ofrecerle su paz.
  • El mostrar las señales de la cruz es el realismo de un amor que pasa por el dolor, de un amor que se ha dejado huella, que ha pasado renuncias, fracasos, heridas. No es un amor de ángeles que no se ve, es un amor verdadero que se puede palpar y tocar.
  • Es entonces cuando el perdonado se siente profundamente amado, es allí donde la alegría se hace fruto de amor, fruto de la misericordia y fruto del perdón.
  • Y les dio el Espíritu Santo el Don por excelencia del amor más grande el Amor que procede el Padre y del Hijo.
  • Y claro el que no recibe no puede callarlo, no puede esconderlo para sí, necesariamente se hace portador de este mensaje que es Jesús mismo el Resucitado el Espíritu Santo, Espíritu de Jesús que se nos ha dado.

Oración contemplativa (momento del encuentro, en la capilla)

(Imagen de la Divina Misericordia)

Canto: Espíritu de Dios llena mi vida…

Vamos a respirar profundo, vamos a cerrar nuestros ojos, y cada vez que respiremos decimos paz, paz, paz…  (varias veces), cuando sintamos que esa paz ya inunda nuestro ser… vamos  a contemplar la imagen de la Divina Misericordia, y contemplamos las llagas gloriosas de Jesús que nos está mostrando el verdadero amor que pasa por el dolor, mientras las contemplamos decimos Señor sana mis heridas, libera mis culpas, dame la gracia de experimentarme totalmente amado y perdonado. Y nos disponemos a dejarnos llenar de su Espíritu Santo, invocándolo como queramos cada uno: “Ven Espíritu de Amor” Ven Santo Espíritu”

 

Preguntas para la reflexión personal:

Después de esta luz de la Palabra podemos preguntarnos

  1. ¿Hay algún momento clave en mi vida en que me he sentido fuertemente amado por Dios?
  2. ¿Hay alguna culpa que cargo, que me este impidiendo alegrarme de la misericordia de Dios?
  3. ¿Soy capaz de abrirme a la acción del Espíritu Santo que viene a sanar mis heridas y sufrimientos?
  4. ¿Soy capaz de abrirme al Espíritu de amor y alegría que el Resucitado me da? ¿De qué manera quiero manifestarlo?

 

Oración final: Oración para sonreír

Señor, renueva mi espíritu y dibuja en mi rostro
sonrisas de gozo por la riqueza de tu bendición.

Que mis ojos sonrían diariamente
por el cuidado y compañerismo
de mi familia y de mi comunidad.

Que mi corazón sonría diariamente
por las alegrías y dolores que compartimos.

Que mi boca sonría diariamente
con la alegría y regocijo de tus trabajos.

Que mi rostro dé testimonio diariamente
de la alegría que tú me brindas.

Gracias por este regalo de mi sonrisa, Señor.

Amén.

-Madre Teresa de Calcuta M.C.

10 PISTAS  para el arte de vivir alegres:

  1. LEVANTARSE TEMPRANO
  2. UNA DUCHA MAÑANERA
  3. MIRAR HACIA ARRIBA
  4. TRABAJAR OFRECIENDO EL TRABAJO POR UN MOTIVO
  5. REPETIR ALGUNA FRASE POSITIVA
  6. AGRADECER LA VIDA
  7. ALEGRAR A OTROS
  8. SABER DESCANSAR
  9. ORACIÓN DE ALABANZA Y BENDECIR A DIOS
  10. CANTAR ALGO QUE TE GUSTE CUANTDO TE VENGA UN PENSAMIENTO NEGATIVO