El retiro del “Castillo interior” hoy nos introduce en un misterio más de amor, el amor al otro, la acogida, empatía y donación del que se abre por gracia al otro que es igual, pero también diferente. Ser semejanza de Dios en su “ser en relación”, en su “ser comunidad”, en su “auto-donación” e “inclusión”… en su acogida misericordiosa, ser castillo de puertas abiertas para el que pasa al lado.

INTRODUCCIÓN
Dios Trino en su infinita bondad se ha dignado acogernos en su divinidad, nos hace partícipes de sus gracias y naturaleza divina en Cristo (cfr. CCE 1212). Nuestro castillo interior en realidad no es nuestro, es la participación por gracia del castillo de bondad, ternura, belleza y misericordia de Dios mismo. Es Dios en nosotros y nosotros en Dios. Por la gracia de Cristo la humanidad pertenece definitivamente a Dios, no solo como creaturas suyas sino como hijos en el Hijo.
Cada uno de nosotros somos semejanza de Dios, cada uno de nosotros hijos muy amados de Dios. Si nosotros contemplamos a profundidad esta verdad de ser acogidos en Dios mismo, de pertenecerle y ser aceptados por Él… si reflexionamos un poco lo que significa: que Dios nos ha regenerado en el Bautismo, que Dios nos ha hecho totalmente nuevos para introducirnos en su santidad… con eso tendríamos para sumergirnos en un misterio de contemplación y gratitud a Dios.
A partir de esta conciencia, no podemos más que vivir esa total apertura de amor y misericordia; porque el que se sabe definitivamente amado –con toda su limitación-es capaz de amar y acoger a los demás sin pre-juicios, ni fariseísmo.
¡Catequista!, es necesario comenzar desde esta conciencia soy amado, aceptado incondicionalmente por Dios. Así mismo estoy llamado a acoger al otro tal como es. Dios nos amó siendo pecadores, su amor es lo que ha transformado nuestra vida, no fuimos santos y después amados. Sino por el contrario, porque fuimos amados, nos atrevemos a querer ser santos, y nos dejamos santificar. Es el amor de Dios el que nos ha purificado y en la medida que vivimos en ese amor, hacemos eficaz la santificación que se nos ofrece.
¡Catequista, déjate abrazar por la santidad de Dios, y atrae a otros a participar de esta gracia! Este retiro es la oportunidad para dar un paso de transformación de acogida, hemos reconstruido nuestro castillo, lo hemos contemplado, hemos abierto nuestro castillo interior; no esperemos más para acoger a los demás en nuestra experiencia de Dios, donde nos hemos descubierto profundamente amados.

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