El Vaticano II rubricó, con broche de oro el documento fundamental, «Lumen Gentium», sobre la constitución dogmática de la Iglesia, finalizándolo con el Capítulo VIII dedicado a la Virgen María. Coronó así mariológicamente la santidad del pueblo de Dios.

Con todo, se acusa, tal vez hoy, cierto enfriamiento en la devoción a María. Por eso, cabe recordar la afirmación de Pablo VI, que llevó a buen término el Concilio: «Los cristianos, para serlo, han de ser marianos». Y es que, amar a María, es amar a Jesús y honrar a la Madre es honrar al Hijo. De ahí, que la Iglesia salpique todo el año litúrgico con jornadas festivas en honor de la Virgen, que acompañan la celebración de los misterios de Cristo. De ahí también que la celebración del «mes de las flores» siga siendo tan recomendada en la piedad popular y eclesial.

«Mes de mayo, mes de María» es un mes que desea mostrar el rico retablo de las «maravillas que hizo el Señor en su Madre», acudiendo a sus prerrogativas y a las oraciones más frecuentemente rezadas en su honor.

Para que podáis vivir de manera plena esta época en la catequesis, os dejamos algunos recursos sobre este tiempo de Pascua en el siguiente ENLACE, que esperamos os sea de utilidad.