Este sábado 21 de mayo dos sacerdotes uruguayos han recibido en Milán el Premio Internacional Martini (www.martiniaward.it), de manos del arzobispo Angelo Scola, en reconocimiento a un sistema de evangelización y formación cristiana que han puesto en marcha hace 10 años en una parroquia de la secularizada Montevideo y se ha ido extendiendo por otras parroquias y movimientos.

El sistema se llama “Discipulado catecumenal de Adultos (DcA)”, aunque con el tiempo ha dado origen a variantes también para niños y adolescentes.

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Sus promotores, los sacerdotes Gonzalo Abadie Vicens y Guillermo Buzzo Sarlo,  explican las características de este método que busca acercar la fe a los alejados, pero también convertir a los parroquianos en auténticos discípulos de Cristo, personas que a los pies del Maestro conviven con Él y así aprenden de Él.
                                                                                    Gonzalo Abadie y Guillermo Buzzo son los promotores de este Discipulado Catecumenal de Adultos (DcA) 

Las 12 características evangelizadoras del DcA

1. Para entrar dentro, no para permanecer fuera.
Es un itinerario que busca provocar un movimiento existencial, un cambio: entrar en la órbita de Jesús y de sus amigos, la Iglesia. Ser atraído por esta fuerza que da vida, y cambia. Sentirse querido y aceptado por Jesús, y quererlo, tener trato cercano y confiado con él.2. Tiene fuerza porque anuncia el kerigma: no es instrucción.
El kerigma es el anuncio de que Cristo ha resucitado, un anuncio fuerte, transformador, que deja una marca en la persona que lo vive. El kerigma da fuerza al evangelio. Gracias al kerigma el cristiano de hoy puede ver que lo que sucede en los Evangelios y transforma a los discípulos también le transforma a él. El DcA parte del kerigma, no de transmitir contenidos teóricos o académicos.

3. Es un itinerario, no es un programa.
El DcA no propone muchas cosas para aprender, sino más bien pocas, con vivencias y resonancias profundas. Un programa presentaría temas, mientras que un itinerario ofrece oportunidades. Un programa se dirige a la cabeza: un itinerario te involucra. En un programa, uno sabe y los demás aprenden. En cambio, en el DcA, más que dar las respuestas escritas, se acompaña en un aprendizaje vivencial.

4. Más símbolos que conceptos: a los alejados Jesús les habla de otra forma.
El DcA se ha inspirado en una intuición del cardenal Martini a partir del evangelio de Marcos: a los que están “fuera” de la Iglesia, del trato con Dios, Jesús no les habla del mismo modo que a los que están cerca, o dentro…Cuando estás lejos, Jesús te habla «en parábolas»: eso ayuda a una aproximación a la fe con símbolos e imágenes.

Cada encuentro del DcA se sostiene sobre alguno de estos símbolos simples pero poderosos. Los participantes, catecúmenos o no, aprenden a pensar, rezar, y expresar su fe con esos símbolos. Más adelante, a medida que se van adentrando en el Discipulado, este lenguaje cede espacio también al conceptual, al lenguaje de la Iglesia, pero esto sucede progresivamente.

El itinerario comparte esta convicción del cardenal Martini: «El significado más profundo del cristianismo no se encuentra en la filosofía ni en la dogmática, sino que está oculto bajo el velo de las alegorías y de los símbolos, para revelarse al que tenga entendimiento espiritual».

5. Un tiempo flexible, no preestablecido ni escolar.
El objetivo del itinerario no es impartir un listado de temas, sino lograr «entrar» en el Reino de Dios, el encuentro con Cristo. Y los catecúmenos y catequistas ven cuándo sucede. Aunque el DcA es un itinerario de 100 encuentros no es necesario recorrerlo todo: lo importante es encontrar a Cristo.

6. Es una experiencia vital, no un manual.
El DcA es sobre todo un cambio de mentalidad, que requiere “un nuevo tipo de formación de evangelizadores o catequistas bien distinta a la que conocemos”. Actualmente el DcA está preparando catequistas y evangelizadores creativos, que no dependen de un manual, sino del evangelio en la mano, con enfoque kerigmático. El manual del DcA es el evangelio. En estos tiempos la gran tentación es cambiar un manual por otro. El Discipulado es otra cosa, un cambio en la mentalidad, una experiencia de nueva evangelización.

7. En grupos pequeños: sin mesa
El DcA se desarrolla en pequeños grupos, en un círculo de sillas, sin mesa que se interponga, con la Biblia en la mano. Se educa el compartir, el expresar la fe, rezar juntos, interpretar la Palabra, tener una experiencia de fraternidad muy profunda.

8. Escuchar la palabra de Dios, no centrarse en ideas.
No se discuten o reciben ideas que hablan de Dios, sino que se practica la escucha de la Palabra, y a partir de ella se desarrolla el encuentro.

9. Busca contemplar a Dios, no consumir información
El Discipulado es profundidad en Dios, no cantidad de información. Se va hacia dentro del Misterio de Dios y del misterio de lo que somos.

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10. El silencio del Misterio, no del quedarse callados.

No solo se comunica la fe por medio de la Palabra, sino también del silencio profundo que la rodea para contemplarla y dejarse tocar por ella. Los ratos de silencio habitado son un aspecto fundamental del Discipulado, que hacen el contrapunto con la Palabra.

11. Es un itinerario practicable, no una utopía teórica.
Este discipulado ya vive y se transmite en las parroquias. Quiso inspirarse de verdad en el RICA (Ritual de iniciación cristiana de Adultos), creyó en él, aceptó su desafío, encontró fuertes resistencias y dificultades en el contexto formal institucional (muy burocratizado y escolar) mientras se iba abriendo paso en las comunidades parroquiales y gentes sencillas. Poco a poco se amplió con un Discipulado de Niños (DcN), otro de jóvenes y adolescentes (DcJ) y un método de primer anuncio previo al discipulado, que se llama Effatá/60.

12. Un puente, no el comienzo, no el final.
El Directorio general de la Catequesis pide un proyecto evangelizador unitario, que coordine el primer anuncio y el catecumenado (DGC 277). Hoy se ven notables experiencias de primer anuncio, que despiertan la fe, pero sin que después encuentren propuestas para que eso se encauce y madure. Y se ve frecuentemente lo contrario, lo más extendido, propuestas de iniciación cristiana o catequesis que presuponen la fe, y, en lugar de ayudar a «entrar», dejan «fuera» de Cristo y de la Iglesia. El Discipulado fue pensado realmente como «eslabón» (DGC 64), como lo que sigue a un primer anuncio, cualquiera sea. Las personas que han recibido un Cursillo de Cristiandad, en Uruguay, después de la fase de kerigma, adoptan este Discipulado. Y se termina cuando se produce ese «clic» al interior de la constelación. Luego seguirá la formación permanente.

martini_awardsGonzalo Abadie, a la izquierda, con el cardenal Scola de Milán  y otros galardonados en los Premios Martini

Los autores que han inspirado el método
Gonzalo Abadie Vicens y Guillermo Buzzo Sarlo presentan una lista de fuentes en las que se han inspirado para este discipulado. Por un lado, está la metodología del Rito de Iniciación Cristiana de Adultos. Por otro, la perspectiva bíblica de los libros del difunto cardenal Martini. Hay aportaciones de las predicaciones del Papa Francisco, de Benedicto XVI, de Raniero Cantalamessa, de Gianfranco Ravasi, y biblistas y autores latinoamericanos como Hernán Cardona Ramírez, Fidel Oñoro, Hugo Martínez de Aldana o Víctor Manuel Fernández.

A los 10 años de iniciarse este discipulado como un “laboratorio” de catequesis de adultos en la Parroquia de Tierra Santa en Montevideo, el DcA logra el reconocimiento con un tercer premio en los Martini Arward de Milán.

Para más información sobre este discipulado:

Gonzalo Abadie Vicens
xabadx@gmail.com
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Guillermo Buzzo Sarlo
elguillefelipe@gmail.com

Fuente: Religión en Libertad