Asumir la tarea de interiorización del mensaje como tarea central de la acción educativa comporta meter en interacción el Evangelio, definición de sí y evolución de la tarea evolutiva de la persona. La persona, o sea su libertad de sujeto, definirse a sí misma no de forma abstracta, sino como respuesta a sus deberes: la gestión del propio cuerpo, de la sustancia, de la relación interpersonal, de la tensión intrapsíquica, de la cualidad de la vida. es propio dentro de este proceso de autoformación o integración de personalidad que encuentra su lugar la dimensión religiosa de la persona. 

Pensar la pedagogía de la fe, desde el enfoque de la catequesis, significa tener siempre presente la tarea fundamental de la catequesis: la propuesta del evangelio y la respuesta que hace la persona delante de la propuesta. 

Acompañar a la persona en su proceso espiritual de descubrir la propuesta evangélica que nace desde su interioridad y capacitarlo para dar una respuesta de vida cristiana en comunidad con actitudes que transformen e incidan en la realidad social. 

Acompañar: El catequista ha de acompañar, como aquel que sabe y ha vivido éste procesos él mismo, por lo tanto, lo hace desde su propia experiencia y testimonio, con los elementos y herramientas que la formación ha recibido.

 A la persona: tomando en cuenta todos los elementos que las ciencias antropológicas aportan y que la catequesis ha de considerar, manteniendo la motivación en este proceso, ayudando a superar las crisis y la confrontación que en el mismo mensaje pone a la persona.

En su proceso espiritual: en todo lo que implica la formación y contenido del “yo” descubriendo el sentido de la vida en continua conversión y purificación.

Descubrir la propuesta evangélica: tomando como método la persona como “vía” de la misión o “sujeto” en este proceso. Dios que se revela en los más profundo de su ser.

Capacitarlo para dar una respuesta: tomando en cuenta tanto los elementos pedagógicos y metodológicos, los caminos, itinerarios intencionados que capaciten en una “praxis” de vida cristiana como discípulo misionero.

Vida cristiana: la realidad contemporánea presenta diferentes propuestas que orientan al sentido de la vida, muchas de ellas orientadas solo al propio bienestar, por lo que es necesario acentual lo específico del estilo de vida propuesto por Jesús de Nazaret.

En comunidad: acentúar el valor comunitario, tanto como lugar o ámbito que acompaña el crecimiento, como el lugar que proyecta su vivencia y experiencia.

Actitudes que transformen e incidan en la realidad social. testimonio de compromiso social para que el mensaje se convierta en cultura, siendo fermento de vida cristina en el mundo.

Bibliografia:

L. MEDDI, Il camino di fede, riorganizzare la catechesi parroquiale, Torino, ELEDICI, 2016. 

CONSEJO EPISCOPAL LATINOAMERICANO, La alegría de iniciar discípulos misionero en el cambio de época, Colombia, CELAM, 2015.