Y al final de curso de la catequesis, ¿qué?

Los finales de la catequesis nos muestran dos caras: las realidades alcanzadas y los lamentos por lo que soñamos y no lo hemos logrado.  Los responsables de la catequesis ( sacerdotes, catequistas, comunidad cristiana,…), podríamos preguntarnos lo siguiente:

  • ¿Qué frutos de vida cristiana agradecemos, como expresión de nuestro seguimiento a Jesucristo; que podemos apreciar y que el Espíritu Santo, a través de nuestro humilde servicio de catequistas, suscitó en este curso catequístico 2017-2018?
  • ¿Hay más personas: niños, adolescentes, jóvenes, adultos, padres, catequistas… que se hayan integrado en la comunidad, para continuar su formación cristiana; y/o en un compromiso pastoral eclesial, familiar y social, con una mejor calidad de vida humana-cristiana?
  • ¿Qué realidad lamentamos?

    -Con esperanza-

Tal vez, tenemos la sensación de que con quienes realizamos la catequesis, han conseguido “algo” buscado. Y una vez, terminado este curso; los interlocutores de nuestra catequesis, se sienten “libres” para volar de la comunidad que les regaló el sacramento (Bautismo,Eucaristía, Confirmación, Matrimonio…) y ya no les volvemos a encontrar en la catequesis; ni en la comunidad…. Hasta el siguiente sacramento, si regresan.

Los criterios de evaluación no pueden ser los mismos que del sector empresarial: “ver los objetivos cumplidos y el tanto por ciento de aumento de beneficios sobre el año anterior”.

 

El protagonista principal es el Espíritu Santo, y siempre nos quedan muchas cosas “fuera del control de nuestras evaluaciones”. La “hora del Espíritu” no nos toca a nosotros marcarla. Lo sembrado dará frutos, aunque no sepamos ni cómo ni cuándo. Por ello, los agentes de pastoral: sacerdotes, los catequistas y la comunidad cristiana, somos llamados a vivir estos momentos con esperanza.

 

-Ir más allá-

Es muy necesario y muy importante que nuestra reflexión valla más allá. ¿Qué significa ir más allá?

  • Evaluar lo que estamos haciendo y proponiendo.

Lo fácil es “hacer como hemos hecho siempre”. Pero, las personas de hoy no son las de ayer, ni las de hace cinco años. El ambiente social y familiar está cambiando de manera asombrosa. No podemos responder presuponiendo nada… Solo hay respuestas verdaderas atendiendo a la realidad concreta de quienes llegan a la comunidad pidiendo un sacramento, ya sea para sí o para uno de sus hijos.

  • Imaginar nuevas ofertas ante las nuevas necesidades.

Vivir el Evangelio hoy es fruto de la acción del Espíritu. No hay novedad pastoral catequística sin la escucha de lo que el Espíritu sugiere hoy a los sacerdotes, catequistas y comunidad cristiana. Una reflexión que no tenga en cuenta el susurro del Espíritu no tiene validez.

  • Arriesgar o mejor dicho, arriesgarse.

La originalidad implica inevitablemente la conversión primero de los que responsables de la catequesis: sacerdotes, catequistas y comunidad cristiana, que con el Espíritu Santo primer protagonista; tenemos que llevar adelante la novedad. Así nos está haciendo el llamado urgente la Exhortación Evangeli gaudium de manera muy clara en este aspecto: “Evangelizadores con Espíritu quiere decir evangelizadores que se abren sin temor a la acción del Espíritu Santo” (EG 259). Es inútil proponer “algo nuevo” sin catequistas y agentes de pastoral convertidos y “tocados” por el Espíritu.

  • Tocar el corazón.

El catequista no es un simple “buen profesor”. Ser catequista es algo más, necesitamos algo imprescindible: dejarnos tocar por el Espíritu en nuestro corazón. Y esto no se logrará sin los espacios para la oración personal, la meditación de la Palabra de Dios, la entrega generosa a la vocación recibida. Pues, anunciamos al que nos da Vida y a Aquel con el que tratamos y que es el fundamento de nuestra Fe, Esperanza y Caridad. Se trata de que seamos los creyentes a los que el Espíritu guía y ayuda a descubrir la verdad de la situación social que nos toca vivir, las necesidades de las personas concretas. Ya que, el verdadero Espíritu de Jesús nos lleva siempre a acoger y a dar respuestas a las necesidades de la gente.

FUENTE: REVISTA Catequistas (15 de mayo 2018, nº 269)