Toda  preparación de Dios a su pueblo alcanza su culmen en la Santísima Virgen María, la escogida para ser la Madre del Redentor. Ella fue preparada por el Señor de manera única y extraordinaria.

 

Y de la misma manera ella nos enseña y acompaña en el camino ya cercano,  para recibir a Jesús en el corazón. No hay Navidad sin Jesús, él es el centro de éstas fiestas, y quién más que María que recibió en su seno al redentor puede guiarnos a su encuentro.

En ella, también encontramos una actitud de prontitud ante el servicio al más necesitado.

 

La Virgen María fue la Madre del Primer Adviento que acabó en Belén hace veinte siglos, y es también la Madre del Segundo Adviento que concluirá con el próximo retorno de Jesús en la gloria y nos invita a prepararle el camino. Lo mismo que Jesús vino la primera vez por María, vendrá de nuevo por medio de Ella.

 

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