La ternura forma parte fundamental del ser humano como oferta y como demanda, es decir, por un lado, está inscrita en lo más profundo de cada ser humano, capaz de ofrecer ternura, pero por otro lado, es una necesidad básica, de la cual la persona no puede prescindir porque no llegaría a vivir su humanidad en toda su plenitud. La ternura es sobre-abundancia del amor compartido. Es el amor que abraza, envuelve, protege y salva. Esta ternura abrazadora, envolvente, protectora y salvífica es la quinta esencia del Dios Creador, Liberador y salvador. En Jesús la ternura divina se manifiesta en toda su plenitud.

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1. Jesús de Nazareth: Sacramento de la ternura entrañable de Dios.
Los Evangelios son la revelación del la ternura entrañable de Dios para con el ser humano. Una ternura que se hace epifanía en el corazón palpitante y acogedor de Jesús; un corazón sensible, capaz de ternura solidaria, de compasión, de benevolencia y de amistad gratuita. La ternura de Jesús revela cuanto más de humano existe en Dios y cuanto más de divino existe en el hombre. La encarnación de Jesús en la historia humana es fruto de las entrañas de la ternura de Dios. En Jesús, Dios ha visitado a su pueblo; toda su vida compartida a través de su mensaje y de los milagros es un signo de la llegada de su Reino, es decir, de la entrañable misericordia que restituye la plenitud humana a los excluidos. Dios se manifiesta en Jesús devolviendo su rostro humano a la sociedad, y la sociedad se transforma y
humaniza en la medida en que se acerca al Dios de la ternura que es el mismo Dios del Reino.

La ternura representa la práctica amorosa y entrañable de Jesús, su empatía y simpatía con-por-y-para el otro. Ella es la envoltura del amor, el clima de atención y efusión afectiva indispensable para que el amor pueda manifestarse, realizarse y experienciarse en toda su profundidad. Siendo fiel a su experiencia de Hijo amado, es decir, entrañado, querido, abrazado por su Abbá, Jesús hace de la ternura entrañable la razón de su existencia. Vive del amor, en el amor y para el amor, vive la compasión. Una compasión que se convierte en desvelamiento visible de la ternura divina que es, además, uno de los contenidos fundamentales de su mensaje y la fuerza constitutiva de su misión.
La plena humanidad de Jesús lleva históricamente consigo una plena asunción de los sentimientos humanos, en particular de la ternura como acto afectuoso, como vivencia orientada a la “bene-volencia” y a la piedad… Cada vez que los evangelios se refieren a la “com-pasión” de Jesús remiten a un sentimiento, a un modo de sentir experimentado realmente por Él, encarnado en la primera persona, a una aproximación suya a los necesitados, con todo lo que esto implica en el plano de la participación y de la disponibilidad al servicio hasta la entrega de la misma vida.

1.1 – Jesús de Nazareth: creador de “fraternura”.mis_oraciones_por_robertico_hijito_de_juani__1121621_t0
Jesús no se queda parado sin hacer nada ante la vulnerabilidad ajena, sino que se muestra solidario con el dolor humano, ofreciendo respuestas llenas de com-pasión que restituyen la dignidad perdida o quitada a las personas. A través de su actuar entrañable, que trastoca muchas veces las leyes, les devuelve la integridad, la fortaleza, la vida, la alegría y la esperanza, restaurando con todo ello las relaciones socioculturales.

1.2 Jesús de Nazareth: ternura profética
La ternura de Jesús no tiene nada que ver con besos y abrazos ingenuos, sino que es una ternura acompañada de todo el vigor y de toda la fuerza del animus, se trata de una “ternura profética”, la cual es a la vez amorosa y denunciante. Frente al sistema de exclusión, de segregación y culpabilización, Jesús manifiesta su ternura solidaria –efectiva y afectiva – como signo del Reino. La ternura solidaria se manifiesta como encarnación porque asume hasta el fin la vida del hombre, con sus luchas y esperanzas, sus alegrías y sufrimientos, como autodonación porque ofrece y da todo de sí.

1.3 – Jesús de Nazareth: Reino y ternura del Padre en su mensaje y parábolas
El mensaje central del anuncio del Reino de Dios anunciado por Jesús fue un mensaje sencillo cuyas palabras estaban al alcance de todos. Su mensaje henchía el corazón, sobre todo, de aquellos que en su pueblo tenían amenazada su vida y dignidad, es decir, respondía a los más pobres y débiles, los excluidos, los nadie, para quienes la llegada del reinado de Dios evocaba, así, una auténtica bendición y una verdadera „buena noticia‟.

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La ternura es su modo de ser Dios, su primera reacción ante sus hijos, su principio de actuación. El mira en primer lugar a los seres humanos como hijos salidos de sus entrañas y fruto de su amor, después se compadece de su pobreza y tiene misericordia también de su debilidad: y finalmente, les ofrece el perdón de sus pecados. Éste es el orden en que hay que pensar a dios: ternura, misericordia, y compasión, perdón. Esas son sus entrañas.

A la luz de este recorrido por los escritos evangélicos, se puede descubrir que hay en ellos una “teología y una cristología de la ternura”, con besos, abrazos, caricias, miradas, perfumes, intimidad, amistad, gozo, fraternura, comida en común (Mc 14,3-9; Lc 7,36-50; 10,38-42; Jn 12,1-12).

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2. LA IGLESIA, SACRAMENTO DE LA TERNURA DE JESÚS
La verdad acerca de Dios como: “Padre de ternura entrañable”, se revela a través de Jesús en la manifestación plena de su humanidad, como cercanía y solicitud hacia las personas, sin importar raza, grupo, clase, sexo, o edad, pero principalmente cuando sufren, cuando están amenazadas en el núcleo mismo de su existencia y de su dignidad.

Hoy, ante una multitud de personas excluidas que claman ternura, claman al cielo y a la tierra „hogar‟, es decir, identidad, seguridad, confianza, encuentro y acogida, la Iglesia tiene el gran desafío de transformarse en un hogar para todos; en “casa de ternura”.

La iglesia debe ser “casa y escuela de comunión”, para responder a las demandas del mundo globalizado, principalmente del mundo de los excluidos que solicita-clama hogar, calor, ternura, reconocimiento, acogida, inclusión. La Iglesia ha de ser caricia de Dios para la humanidad.

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2.1 Iglesia de la ternura: misterio de comunión y sacramento de salvación
La Iglesia es sacramento universal de salvación (AG 1) y “signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo género humano” (LG 1). La Iglesia es el ámbito de vida en que se anuncia, se densifica y se celebra de forma abierta el misterio relacional y de comunicación de la ternura de Dios con los hombres en Cristo. La ternura de Jesús ha de vivirse por tanto ad intra (lugar concreto de la ternura de Cristo en sus diversos aspectos de encarnación, comunión y de autodonación) y ad extra, en cuanto la Iglesia existe para ser testigo y comunicar a la humanidad el misterio de Jesús. Ser una Iglesia de la encarnación como “ternura de ser en”; una Iglesia de la comunión como “ternura de ser con”; una Iglesia de la autodonación como “ternura de ser para”.

2.2 La pastoral de la ternura, un modo de ser, de amar y de adorar para la humanidad
La ternura no representa solamente un tema de estudio o una perspectiva eclesiológica añadida cuantitativamente a las demás, sino un modo de ser, de amar y de adorar inscrito en el DNA de la iglesia y dirigido a renovarla permanentemente, orientándola a una fidelidad humilde y siempre nueva la misterio de la pascua. Al pie de la cruz y en el don del Espíritu, la Iglesia se plasma como Iglesia de la ternura y de la „sabiduría del amor‟.

Una pastoral de la ternura tiene que fortalecer una triple dimensionalidad del ser humano: que promueva e impulse las razones para ser; para convivir y para hacer, fortaleciendo la vida personal – identidad comunitaria –convivialidad – y ética – actividad – de los seres humanos. La pastoral de la ternura ha de ser generadora de confianza y del sentido de pertenencia a una familia, a una comunidad. “La aportación más sagrada y urgente que la Iglesia puede ofrecer a la sociedad hoy, es: el fortalecimiento de la vida personal (razones para ser).

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La pastoral de la ternura:

a) Desinstala y descentra al ser humano, para poner sus ojos en Dios y en los demás;

b) Fortalece en la prueba, siendo conscientes de la vulnerabilidad personal – “el amor, y solamente el amor es capaz de restituir el hombre a sí mismo”. Como la ternura es pro-existencia, es entrega, la vida se pone en juego en la donación de sí;

c) valora la humanidad-divinidad en la persona – la ternura no se fija ni en las fallas, ni en las debilidades del pasado, sino que recurre a las cualidades positivas;

d) concientiza de la gratuidad de Dios – para que la Iglesia sea un hogar de ternura, lo primero que debería vivir son unas relaciones humanas regidas por la lógica de la gratuidad, la gratitud que se vuelve generosidad;

e) vuelca al ser humano para ser testigo y transparencia – la ternura es conocida por el ser humano cuando experimentando la proximidad de Dios, no solo revela quién es Dios que ama, sino quién es
el hombre cuando es amado;

f) conduce a la Pascua, hace vivir la experiencia de Resurrección – vivir la ternura no es posible sin la gracia de Dios‟. Ser compasivos para con los otros, parte de la experiencia de la propia necesidad de la ternura de Dios, en quien la misericordia y fidelidad, la compasión y la solidaridad se entrelazan en un abrazo que abarca a todo la humanidad y a toda la creación. La ternura es la más formidable, universal y misteriosa de las fuerzas divinas inscritas en el corazón del hombre capaz de transformar el mundo.

Autor: Frei Carlos Raimundo Rockenbach – OFMCap
Bogotá – Colombia.

Tomado de:  http://www.celam.org/Images/img_noticias/doc34d934baba005c_30032011_1026am.pdf