El Papa Francisco quiso poner referentes concretos para la juventud de hoy en la Exhortación Apostólica Postsinodal Christus vivit, presentada el martes 2 de abril, donde explica que “el corazón de la Iglesia también está lleno de jóvenes santos, que entregaron su vida por Cristo, muchos de ellos hasta el martirio”. “Ellos fueron preciosos reflejos de Cristo joven que brillan para estimularnos y para sacarnos de la modorra”.

De los doce santos que nos propone el Papa Francisco, uno era catequista: Beato Andrés Phû Yên (murió en 1644).  Si quieres saber quiénes son los otros santos, visita la página de Alfa y Omega.

¿Quieres conocer al Beato Andrés Phû Yên?

En Phû Yên, pueblo de Annam, beato Andrés, catequista, que, al exacerbarse la persecución contra la enseñanza de la doctrina cristiana, fue hecho prisionero y, tras ser condenado a muerte, derramó su sangre por Cristo como el primer mártir de la Iglesia de este país.

El 5 de marzo de 2000 fue beatificado en la Plaza de San Pedro por Juan Pablo II. Andrés nació en la provincia Ran Ran (Phú Yén) de Cochinchina, actualmente Vietnam. Había nacido en 1625 o 1626. Nos es desconocido el nombre de su familia. Sabemos sólo que el nombre cristiano de su madre era Juana. La madre viuda cuidó y educó con todo esmero a Andrés, de salud bastante precaria, pero despierto de mente y temperamentalmente muy bondadoso. Junto con su madre recibió el bautismo en 1641 de manos del misionero jesuita Alejandro de Rhodes. Un año después del bautismo el mismo misionero lo recibió entre sus más estrechos colaboradores, es decir, entre sus catequistas. Era éste un pequeño grupo de cristianos ejemplares, en parte muy jóvenes, que llegaron después a constituir, de hecho, el primer núcleo del clero autóctono en Vietnam.

Estos catequistas recibieron una formación muy esmerada en la llamada «casa de Dios», creada por el padre Rhodes. Sus miembros se comprometían con una promesa formal y pública a estar por toda la vida al servicio de la Iglesia, ayudando a los sacerdotes a difundir el Evangelio. Entregados al apostolado y acompañando en sus viajes apostólicos al padre Rhodes, en 1643, el 31 de julio, fiesta de San Ignacio de Loyola, Andrés y alguno de sus compañeros emitieron también el voto de castidad, para estar más libres y dispuestos en su ayuda a los misioneros. Bien pronto, después de un año de grande y fructífero apostolado fue sometido a la prueba suprema del martirio. La cosa fue así:

Azuzado por Tong-Thi-Toaim, concubina del rey y enemiga acérrima del catolicismo, el gobernador de la provincia de Auang-nam mandó, el 25 de julio de 1644, soldados para que detuviesen al jefe de los catequistas, llamado Ignacio, que había sido antes un alto magistrado del país. Los soldados encontraron sólo a Andrés que, sin preocuparse del peligro que corría, había obtenido del padre Rhodes el permiso para quedarse en la casa para cuidar de algunos enfermos. Los soldados no queriendo volver ante el gobernador con las manos vacías, detuvieron a Andrés, lo apalearon y después de haberlo atado, lo llevaron a una barca para conducirlo al palacio del gobernador, llamado Óng Nghé Bó.

El mismo día 25 de julio, ya anochecido, llevaron a Andrés ante el mandarín. Ante él, al igual que los mártires de los primeros tiempos, Andrés fue invitado a apostatar. Al negarse fue puesto en prisión, cargado con una especie de cruz. Al día siguiente fue paseado por las calles como un malhechor, y finalmente condenado a muerte, sentencia que se cumplió ese mismo día.

En la homilía de beatificación decía Juan Pablo II: «El beato Andrés, protomártir del Vietnam, se da hoy como modelo a la Iglesia de su país. Puedan todos los discípulos de Cristo encontrar en él fuerza y sostén en la prueba, y tener la solicitud de afirmar su intimidad con el Señor, su conocimiento del misterio cristiano, su fidelidad a la Iglesia y su sentido de la misión».

(Fuente: «Año Cristiano» – AAVV, BAC, 2003)