Juan 6, 24-35

Jesús, verdadero “pan” que hay que comer, para reproducir su vida en la nuestra.

Juan, el evangelista, presenta en un primer plano la búsqueda de Jesús por la gente. En un acto seguido Jesús aparece desenmascarando esa búsqueda interesada: volver a saciarse de pan. Es obvio que este versículo no intenta restar importancia al comer como cuestión vital, y como un derecho inalienable de todo ser humano (cf. FT 189). Sería una falacia y hasta un pecado si así lo considerásemos.

El hambre en el mundo no queda al margen de estos versículos; lo que el Evangelio nos presenta es el horizonte de Jesús, quien reconduce esa búsqueda material a algo más, a Él mismo que es Vida y que lleva a la vida humana plena en todos los sentidos.

También hoy buscamos a Jesús, y también tenemos intereses escondidos en nuestra búsqueda. Jesús nos llama continuamente a desenmascararlos por muy religiosos que parezcan. Por eso es pertinente hacernos la misma pregunta que la gente le hizo a Jesús: «Y ¿qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?»

La clave de la respuesta se encuentra en acoger a Jesús como enviado de Dios, verdadero “pan” que hay que comer, para reproducir su vida en la nuestra. Así, podremos contribuir a aliviar no solo el hambre alimentaria sino el hambre de los derechos sin límites, incluyendo el derecho al medio ambiente como bien colectivo, patrimonio de toda la humanidad (LS 95), de las generaciones presentes y de las futuras.

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EcoEvangelio XVIII Ordinario