Hola queridos catequistas, de nuevo os saludamos con la alegría de continuar este caminar de experiencia de Dios desde lo cotidiano de cada día. Esta semana la experiencia para profundizar será:
¡Sentir con el corazón!
Ahora que muchos de vosotros ya estáis de vacaciones, es una excelente oportunidad para que os pongáis en disposición de encontrar a Dios en la oración, de dedicarle más tiempo al Señor. Es tiempo de atreverse a sentir con el corazón.
Al comenzar el día desde tus primeras respiraciones conscientes, pedid esta gracia a Dios: “que en cada respiración, en cada latido de mi corazón pueda sentir a Dios… que en cada encuentro con alguien pueda sentir con el corazón”, según lo que tu Espíritu clame dentro de mi…
El catequista está llamado a vivir esta ternura de Dios y de María santísima, que no es virtud de los débiles sino de los fuertes como dice el Papa.
Sentir con el corazón es atreverse a dejarse afectar por el otro, por sus necesidades, por sus emociones, por sus clamores y deseos más profundos. Dejarnos tocar por la necesidad de los más vulnerables como son los niños.
¡Catequista sentid con el corazón las necesidades y peticiones de los pequeños! Leed sus gestos e intuid sus heridas, que aún pueden ser sanadas con un poco de amor y ternura.
Así mismo sentir a Dios con el corazón no solo en los niños sino en todo hermano que lo necesite. Sentir con el corazón es descubrir la participación de Dios en la humanidad de los otros, es la gracia de contemplar las llagas de Cristo Crucificado y Resucitado en el hermano. Porque también es bueno tener en cuenta que las necesidades del otro no siempre son de dolor y sufrimiento…
Hay necesidades de compartir la fe, hay necesidades de compartir los logros, de comunicar las bendiciones de Dios. Sentir con el corazón es intuir la alegría profunda que alguien desea comunicar. Catequistas sentid con el corazón para gozar con los que gozan
Así mismo llorar con los que lloran, porque el catequista sabe sentir con el otro, sentir su dolor, sentir su indignación callada por miedo o impotencia.
En fin que nuestro sentir con el otro, lo lleve a esa bellísima experiencia de descubrirse mirado y amado por Dios. Pero ante todo Anunciad siempre el amor de Dios a toda persona, para desterrad el látigo de la indiferencia y el individualismo.
Recordemos las palabras del Señor: “Os aseguro que todo lo que hicisteis por uno de mis hermanos, aún por el más pequeño, por mí lo hicisteis” (Mt. 25,40)
¡Sentid con el corazón, queridos catequistas!