¡Hola queridos catequistas! Les saludamos nuevamente, con la alegría profunda de iniciar este tiempo de gracia y bendición llamado “cuaresma” la frase para meditar esta semana es:

¡LA ORACIÓN, ES OXIGENO DE LA CATEQUESIS!

La cuaresma es un largo tiempo de oración profunda, de encuentro con nosotros mismos y de esfuerzo por la conversión del corazón.
Todos necesitamos conversión, el catequista que es auténtico, descubre humildemente que no está terminado y que debe esforzarse cada día por ser mejor. Y la oración es un medio eficaz y sencillo en que el catequista puede sostenerse.
La oración es como el oxígeno para nuestra alma, es el aire que debe respirar nuestro ambiente catequístico, con la oración nos descubrimos necesitados y bendecidos delante de Dios.
En la oración, el Espíritu mismo nos impulsa para orar por los catequizandos que Dios mismo ha confiado en nuestras manos.
¿Quién sin oración podría arriesgarse a tener estos tesoritos o perlas preciosas de Dios en sus manos, quién sin oración puede formar la conciencia tierna y transparente de un niño?
La oración es el camino, a decir verdad, sin la gracia de Dios ninguno seríamos capaces de formar el sagrario tan delicado y precioso de un niño, su vida de fe y relación más profunda.
El catequista que es orante, viven en presencia de Dios. La persona orante, sin palabras comunica a Dios. El catequista que ora sabe acompañar al otro a orar, sabe llevar de la mano al catequizando a fin de que por el mismo beba de la fuente de vida.
El catequista no solo habla a los niños de Dios, sino que también habla a Dios de los niños.
Además el catequista testimonia la imagen de Dios, lo cual forma en los pequeños una primera imagen de Dios, que es fundamental, puesto que según sea esta formación, será la apertura y disponibilidad de los interlocutores para relacionarse con Él.
La oración es fuente de nuevas gracias, porque nos descubre ante Dios tal como somos y nos ayuda a reconocer su grandeza, a alabar su misericordia y a suplicar su atención y ayuda en nuestras necesidades.
Los catequistas son en manos de Dios como esas chispas de agua que empapan las tierras buenas y fecundas de los niños, son los recipientes de la misericordia de Dios que se han de derramarla a los niños, jóvenes y adultos.
Como dice el catecismo de la Iglesia Católica: “Se ora como se vive, porque se vive como se ora. El que no quiere actuar habitualmente según el Espíritu de Cristo, tampoco podrá orar habitualmente en su Nombre. El “combate espiritual” de la vida nueva del cristiano es inseparable del combate de la oración (n 2725)”.
Animo catequista ¡A la próxima!…