¡Buenos días catequistas! Con alegría os saludamos queridos catequistas de Italia, España, Hispanoamérica, que nos siguen por este medio. Esta semana la experiencia para profundizar será:

Catequista ¡detente ante el misterio de Dios!

Queridos Catequistas, estamos viviendo un proceso de espiritualidad desde abajo, desde nuestra pequeñez y llaneza de vida. Una experiencia desde lo cotidiano, que acontece a cada uno. Hoy atrévete a detenerte ante el misterio de Dios que se te presenta, es una gozada…
Pues bien, una actitud indispensable para adentrarse en la espiritualidad, es aprender a detenerse ante el Misterio.
Decir misterio, no es cualquier cosa que se presenta ante nosotros, sino Misterio con mayúscula, es decir, nos referimos al Misterio de Dios, a la Excelencia de Dios que no solo pasa a nuestro lado, sino un Dios que permanece, insiste, espera, provoca y sale al encuentro.
El catequista tiene la dicha de encontrarse ante el misterio de Dios, no solo en la naturaleza, no solo en la oración, sino en unas personas concretas, en los niños.
Detenerse ante el misterio de Dios escondido en la sonrisa de un niño, el misterio de Dios que nos acontece, ¿de qué manera? con las demandas e insistencia del pequeño interlocutor, este mismo, que está frente a nosotros.
Encontrarse con el misterio de Dios en el asombro, la novedad, y la brillantez de los ojos de un niño… ¡es algo excelente!
El catequista tiene la oportunidad de encontrarse de frente con el misterio de Dios en un niño y abrirse a él. El catequista puede acogerlo, estrecharlo y dejar que brote la ternura y paciencia de su corazón- esa es la oportunidad de oro que tienen los catequistas- para detenerse ante el misterio de Dios, y dejarse conquistar por Él.
El catequista puede exclamar como Jesús: “Dejad que los niños vengan a mi…”
Detenerse a perder el tiempo con las preguntas de un niño, es un don, regalo que puede aprovechar un catequista. Asombrarse del misterio de Dios creativo cuando el pequeño le presume sus obras de arte, llenas de colorido con su forma peculiar de ver y pintar la vida.
¡Catequista! Si el misterio de Dios llega a tu puerta y entra en tu casa, no tardes en detenerte a sus pies y contemplarlo… como María la hermana de Lázaro: “María sentándose a los pies del Señor, escuchaba su palabra… (cfr. Lc. 10, 39)”
Ahora mismo, piensa en tu último día de catequesis, trae a tu mente el rostro de ese niño que te presentó el misterio de Dios, pero no tuviste tiempo de detenerte…
¡Hasta la próxima queridos catequistas!