¡Hola a todos los catequistas!
¡Buenos días! De nuevo les saludamos con una frase para meditar y hacer nuestra esta semana:
¡DEJARNOS SORPRENDER!
Es un arte salir de la rutina de cada mañana, salir de la mecánica de las cosas que hacemos todos los días. Y dejarnos sorprender por las maravillas de Dios, de la originalidad de cada persona, de las cosas elaboradas por la inteligencia humana, y de la naturaleza que nos encontramos en nuestro diario vivir. Mas sin embargo cuando la vida nos sorprende con algo que no es tan agradable, entonces, somos capaces de valorar lo perdido. El agua, la luz del sol, la sonrisa, los buenos días, los medios de comunicación etc.
Cuando al levantarnos no viniera el agua en el grifo, cuando a medio día no salió el sol, cuando el móvil ha terminado la batería… ¡Oh sorpresa! Claro sale nuestra capacidad de asombro.
No podemos ser más gráficos… tú y yo querido catequista, nacimos para ser sorprendidos por todo lo que nos rodea, tenemos la capacidad de contemplar, admirar, abrir bien los ojos y agradecer a Dios. No esperemos a valorar las cosas cuando hay algo que no funciona, sino cada día cuando todo está a la perfección. Además, tenemos la maravillosa capacidad de adaptación cuando las cosas no son rutinarias, tenemos la capacidad de reaccionar de pensar alguna solución y buscarla, el invertir tiempo en lo que no esperábamos, el encontrar o llamar a personas que no necesitábamos, puede ser la oportunidad para encontrar la novedad de Dios, la novedad del otro y la valoración de lo que a diario tenemos al alcance. ¡Sorprende te hoy de ti mismo que eres una persona maravillosa, que dedicas parte de tu trabajo, de tu dinero, de tu tiempo libre para darlo a Dios a los niños, lo compartes sin ningún interés solo por amor. ¡Sorpréndete!
Nos puede pasar como a Pedro, Santiago y Juan que eran pescadores se habían acostumbrado a pescar, y tal vez no les iba tan mal, más sin embargo después de una noche entera sin pescar, y confiando en la Palabra del Maestro: Jesús, echaron la red y al ver la pesca entonces sí que se asombraron; nos dice la escritura: “Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él (se refiere a Pedro) por la redada de peces que habían recogido; lo mismo le pasaba a Santiago y a Juan…”(Cfr. Lc 5,9-10).
El milagro de la rutina diaria, del trabajo, de la salud, no siempre somos capaces de admirarlo; hasta que experimentamos la carencia, entonces nos llenamos de asombro al recibirlo de nuevo. ¡Asómbrate catequista del milagro de Dios en ti, y déjalo abundar!