El día 10 de mayo hemos celebrado la fiesta de San Juan de Avila, santo patrón del clero español desde 1946.

San Juan de Ávila nació el 6 de enero de 1500 en Almodóvar del Campo (Ciudad Real), de una familia profundamente cristiana. Sus padres, Alfonso de Ávila (de ascendencia israelita) y Catalina Jijón.  Fue  sacerdote y escritor ascético español. El papa Benedicto XVI lo proclamó doctor de la Iglesia el 7 de octubre de 2012, durante la misa de apertura de la XIII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los obispos dedicado al tema de la nueva evangelización. Es el cuarto santo español en alcanzar ese título.

 

Actividad Catequética de San Juan de Ávila

La catequesis, herramienta imprescindible para la formación cristiana

La catequesis («resonancia», «instruir de viva voz») es un itinerario formativo en la fe y en el seguimiento de Cristo según la propia vocación.

«Se trata de hacer crecer, a nivel de conocimiento y de vida, el germen de la fe sembrado por el Espíritu Santo con el primer anuncio y transmitido eficazmente a través del bautismo. La catequesis tiende, pues, a desarrollar la inteligencia del misterio de Cristo a la luz de la Palabra, para que el hombre entero sea impregnado por ella» (CT 20).

San Juan de Ávila es un buen modelo y estímulo para los catequistas. Él sabe transmitir con seguridad el núcleo del mensaje cristiano y formar en los misterios centrales de la fe y en su implicación en la vida cristiana; provoca la adhesión a Jesucristo y llama a la conversión. Inventa un catecismo en verso [editado en Valencia en 1554 y traducido al año siguiente al italiano], para cantar con los niños.

Tuvo tanto éxito pedagógico que los jesuitas lo adoptaron en sus Colegios, extendiéndose por buena parte de España, por América, e incluso en África.

Su labor catequética había comenzado en Sevilla, recién ordenado sacerdote, y fue uno de sus ministerios principales en diversas ciudades, fundando escuelas o agrupando a los niños y mayores en lugares especiales. Organizaba un horario de tres horas por la mañana; la última hora era con cantos. Motivaba a los padres con exhortaciones escritas y compuso él mismo comentarios a los mandamientos.

Su preocupación por la enseñanza del catecismo aparece con insistencia en los Memoriales para el concilio de Trento:  «Muy gran falta hay en España de doctrina y educación para los niños, de lo cual nace tanta ignorancia cuando grandes, que muchos viejos no saben las oraciones de la Iglesia ni aun persignarse» (Trento I, 25; Trento II, 54).

Los consejos que escribe para los catequistas son sumamente prácticos y actuales. «El que ha de enseñar la doctrina cristiana debe ser muy humilde, manso, benigno y amoroso, y debe mostrar mucha alegría con todos, porque para tratar con niños, débase acomodar, en cuanto pudiere, a sus condiciones, para que le tengan amor. Y pida siempre la gracia del Señor para estas cosas, y paciencia para tratar con hijos de tantos padres. Porque no pierda el fruto de su trabajo, téngalos a todos por hijos propios y que ha de dar cuenta de ellos a nuestro Señor si no los doctrina bien». Sean apóstoles del catecismo para otras personas. Una explicación amplia debe preceder al aprendizaje de los versos y de los cantos, «para que lo entiendan y sepan dar cuenta de cada cosa qué es y para qué» (Tratados menores, 1744ss).

La aplicación práctica de la pedagogía de San Juan de Ávila se concreta en su obra

“Doctrina Cristiana”. En el aspecto didáctico destaca el papel de la repetición y la participación activa del alumno, al intervenir hablando, cantando, dialogando. La acentuación de la rima contribuye a fijar el texto en la mente de los niños.

Subraya incesantemente la necesidad de una buena relación pedagógica entre educador y alumno. La principal característica de su pensamiento educativo es la fuerza y la reiteración con la que aparece el amor como elemento primordial en clara oposición a la ley, al mandato. Para lograrlo, reviste de dignidad la figura del educador y se preocupa por su estima social y retribución económica.

La formación que propone el Maestro Ávila es integral, con un enfoque eminentemente cristiano, a partir de los conocimientos de las ciencias y de la literatura, para pasar a la capacidad de servir y de colaborar, siempre en armonía, en la sociedad civil y en la Iglesia. Recomienda una buena formación desde la infancia, «por ser aquella edad el fundamento de toda la vida» (C 11). Toda formación debe apuntar a «buenas costumbres» (C 11).Los dos pilares en que se apoya son la escuela y la familia (S 46). Pero siempre habrá que dar el enfoque catequístico, ya desde la infancia y juventud, ofreciendo «alguna lección de doctrina sagrada y piadosa» (Trento II, 88; Toledo I, 48).

fuente: selección tomada de: SAN JUAN ÁVILA, APÓSTOL DE LA NUEVA EVANGELIZACIÓN. 2. EL BAUTISMO SEMILLA DE SANTIDAD en http://www.bisbatlleida.org/

si deseas descargar el pdf completo: San Juan de Ávila Apóstol de la nueva evangelización