El Adviento es el tiempo del corazón. Hemos recibido la noticia de que alguien muy querido, muy amado por nosotros vendrá a visitarnos. Nuestro corazón salta de gozo, pues aquel al que tanto deseábamos ver, con el que tanto deseábamos compartir, vivir, va a venir por fin. El camino se hace corto, la espera se convierte en dicha, y nuestro corazón se ensancha de alegría ante la certeza de su llegada.

Algo así vivimos los cristianos en el Adviento. La confianza de que Jesús viene y vendrá a nuestra vida nos hace vivir en la alegría de su presencia. No es una sonrisa efímera, que pasa con lo fugaz de los acontecimientos, sino que se trata de la paz de aquel que ha visto germinar en su corazón la semilla de la verdadera vida, capaz de llenar de luz y color los grises tonos de una existencia sin fe.

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