Cada 3 de diciembre, desde 1992, se conmemora el Día Internacional de la Persona con Discapacidad. El objetivo de este día es mejorar la situación de las personas con discapacidad, además de la búsqueda de igualdad de oportunidades.

En 1992, al término del Decenio de las Naciones Unidas para los Impedidos (1983-1992), la Asamblea General proclamó el día 3 de diciembre Día Internacional de las Personas con Discapacidad.

En la Asamblea General se hizo un llamamiento a los Estados Miembros para que destacaran la conmemoración del Día, y así fomentar una mayor integración en la sociedad de las personas con discapacidad.

El objetivo del Día Internacional de la Persona con Discapacidad es promover los derechos y el bienestar de las personas con discapacidad en todos los ámbitos de la sociedad. Además, se incluye el desarrollo, así como concienciar sobre su situación en todos los aspectos de la vida política, social, económica, cultural… obviamente, también en la Iglesia. A este respecto, en nuestra Diócesis, celebramos el Domingo pasado, 1 de diciembre, el Día Diocesano de las Personas con Discapacidad. Una de las actividades que llevamos a cabo, fue la celebración de la Eucaristía en la RTVG de las 10:00 de la mañana de ese domingo. Si la queréis ver, aquí os dejamos el enlace: http://www.crtvg.es/tvg/a-carta/santa-misa-01-12-2019-4220532: «Los católicos con discapacidad tenemos que aportar nuestra experiencia en la vida cotidiana. Somos un ejemplo para los demás de cómo superamos nuestras dificultades y cómo las llevamos. Se tiene que ver que realmente nosotros hacemos cosas, también avanzamos».

El Papa Francisco firmó un mensaje este martes, 3 de diciembre, con motivo del Día Mundial de las Personas con Discapacidad en el que pide que se promocione el derecho de participar de las personas con discapacidad.

“Se han hecho grandes progresos para las personas con discapacidad en el ámbito de la medicina y del bienestar, pero todavía hoy constatamos la presencia de la cultura del descarte y muchos de ellos sienten que existen sin pertenecer y sin participar”.

Publicamos a continuación el Mensaje del Santo Padre Francisco con ocasión del Día Mundial de las Personas con Discapacidad, que se celebra hoy, martes 3 de diciembre, y que este año tiene como tema «El futuro es accesible«:

Mensaje del Santo Padre:

Con ocasión del Día Mundial de las Personas con Discapacidad, renovamos nuestra mirada de fe, que ve en cada hermano y hermana la presencia de Cristo mismo, que considera que todo gesto de amor hacia uno de sus hermanos más pequeños se le hace a Él mismo (cf. Evangelio de Mateo 25, 40). En esta ocasión, quisiera recordar cómo la promoción del derecho de participar desempeña hoy un papel central en la lucha contra la discriminación y en la promoción de la cultura del encuentro y de la calidad de vida.

Se han hecho grandes progresos para las personas con discapacidad en el ámbito de la medicina y del bienestar, pero todavía hoy constatamos la presencia de la cultura del descarte y muchos de ellos sienten que existen sin pertenecer y sin participar. Todo esto exige no sólo la protección de los derechos de las personas con discapacidad y de sus familias, sino que nos exhorta también a hacer un mundo más humano, eliminando todo lo que les impide tener una ciudadanía plena, los obstáculos del prejuicio, y favoreciendo la accesibilidad de los lugares y la calidad de vida, que tenga en cuenta todas las dimensiones del ser humano.

Es necesario cuidar y acompañar a las personas con discapacidad en todas las condiciones de vida, utilizando también las tecnologías actuales pero sin absolutizarlas; hacerse cargo de las situaciones de marginalidad con fuerza y ternura; caminar con ellos y «ungirles» de dignidad para que participen activamente en la comunidad civil y eclesial. Es un camino exigente y también fatigoso, que contribuirá cada vez más a la formación de conciencias capaces de reconocer a cada uno de nosotros como una persona única e irrepetible.

Y no olvidemos a los numerosos «exiliados ocultos» que viven en nuestros hogares, en nuestras familias y en nuestras sociedades (cf. Angelus, 29 de diciembre de 2013; Discurso al Cuerpo Diplomático, 12 de enero de 2015). Pienso en las personas de todas las edades, especialmente en los ancianos, que, también por su discapacidad, a veces se sienten como una carga, como «presencias engorrosas», y corren el riesgo de ser descartadas, de que se les nieguen perspectivas laborales concretas para participar en la construcción de su propio futuro.

Estamos llamados a reconocer en cada persona con discapacidad, incluso con discapacidades complejas y graves, una contribución singular al bien común a través de su biografía original. Reconocer la dignidad de cada persona, sabiendo que no depende de la funcionalidad de los cinco sentidos (cf. Coloquio con los participantes en la Conferencia sobre Discapacidad de la IEC, 11 de junio de 2016). El Evangelio nos enseña esta conversión. Necesitamos desarrollar anticuerpos contra una cultura que considera algunas vidas de serie A y otras de serie B: ¡esto es un pecado social! Tened el valor de dar voz a quienes son discriminados por su discapacidad, porque desgraciadamente en algunas naciones, todavía hoy, se duda en reconocerlos como personas de igual dignidad, como hermanos y hermanas en la humanidad.

En efecto, hacer buenas leyes y derribar las barreras físicas es importante, pero no es bastante, si no cambia también la mentalidad, si no superamos una cultura generalizada que sigue produciendo desigualdades, impidiendo que las personas con discapacidad participen activamente en la vida cotidiana.

En los últimos años se han puesto en marcha y llevado a cabo procesos inclusivos, pero todavía no son suficientes, porque los prejuicios producen, además de barreras físicas, también limitaciones al acceso a la educación para todos, al empleo y a la participación. Una persona con discapacidad, para construirse a sí misma, necesita no sólo existir sino también pertenecer a una comunidad.

Animo a todos los que trabajan con personas con discapacidades a que continúen con este importante servicio y compromiso, que determina el grado de civilización de una nación. Y rezo para que cada persona sienta la mirada paterna de Dios, que afirma su dignidad plena y el valor incondicional de su vida.

Vaticano, 3 de diciembre de 2019

FRANCISCO