Hoy, 21 de mayo, celebramos por primera vez la Memoria de la Santísima Virgen María como Madre de la Iglesia. Y es que, el sábado 3 de marzo – en realidad, el cardenal Robert Sarah y el arzobispo secretario Arthur Roche firmaron este decreto el 11 de febrero, pero se hizo público el pasado mes de marzo-, la Santa Sede hacía público un documento de la Congregación para el Culto Divino en el que instituía esta nueva fiesta en el calendario litúrgico. Fiesta que tendría lugar todos los años el lunes después de Pentecostés.

El objetivo, además de alabar a santa María en su papel de Madre, es “incrementar el sentido materno de la Iglesia en los Pastores, en los religiosos y en los fieles, así como la genuina piedad mariana”.

En el decreto, la misma Congregación señala que “esta celebración nos ayudará a recordar que el crecimiento de la vida cristiana, debe fundamentarse en el misterio de la Cruz, en la ofrenda de Cristo en el banquete eucarístico, y en la Virgen oferente, Madre del Redentor y de los redimidos”. “La gozosa veneración otorgada a la Madre de Dios por la Iglesia en los tiempos actuales, a la luz de la reflexión sobre el misterio de Cristo y su naturaleza propia, no podía olvidar la figura de aquella Mujer, la Virgen María, que es Madre de Cristo y, a la vez, Madre de la Iglesia”, precisa el texto.

No debemos olvidar, que los primeros cristianos “tenían una conciencia profunda de que la Iglesia era su ‘madre’ espiritual, que los daba a luz en el bautismo, constituyéndolos en hijos de Dios a través de los sacramentos”.

El decreto, breve y conciso, repasa el significado de la maternidad de la Virgen en el sentido universal, esto es, explica por qué es Madre de toda la Iglesia, es decir, desde que es Madre de Jesús por la Encarnación. En primer lugar, recuerda el Evangelio de san Juan, en el que “aceptó el testamento de amor de su Hijo y acogió a todos los hombres, personificados en el discípulo amado, como hijos para regenerar a la vida divina”. Además, explica el origen de este título, que se estableció en el Concilio Vaticano II, cuando el Papa Pablo VI -quien será canonizado el 14 de octubre-, dirigiéndose a los Padres Conciliares en la conclusión de la tercera sesión del Concilio, la reconocía como “Madre de la Iglesia, es decir, Madre de todo el pueblo de Dios, tanto de los fieles como de los pastores que la llaman Madre amorosa”. Cuando Montini en nombre de todo el pueblo de Dios, quiso que María fuera honrada y recibida como “Madre de la Iglesia “, tenía ante sí la Constitución dogmática sobre la Iglesia preparada por el Concilio Vaticano II. En ella, el capítulo VIII está dedicado a la Madre de Dios, porque no podemos separar a María y a la Iglesia.

La advocación se incluyó en las Letanías en 1980. No debemos olvidar, que la piedad de la Iglesia hacia la Santísima Virgen es un elemento intrínseco del culto cristiano, cumpliendo así la profecía de la Virgen, que dijo: “Me llamarán Bienaventurada todas las generaciones” (Lc 1,48).